El poderoso Martin Bormann sugirió que lo mejor era ahorcar al obispo von Galen; había recibido incluso, por parte del alto oficial de propaganda Walter Tiessler, una orden suya para ejecutarlo personalmente. El comité nazi de Münster ordenó el arresto inmediato de von Galen. Pero fue Goebbels quien convenció a Bormann de que el asesinato del obispo, o su ejecución en la horca posterior a un juicio, quebraría la moral de los católicos y debilitaría la fe en el Reich. Otra cosa sería cuando la guerra terminara con el triunfo alemán. La furia nazi estaba centrada en la enorme impresión que había provocado el sermón del obispo. Von Galen, consciente de la fuerza de su mensaje, hizo imprimir el sermón como mensaje pastoral, por lo que fue leído en voz alta por los párrocos de todas las iglesias de su jurisdicción. Los británicos tradujeron el sermón a través del servicio alemán de la BBC, lo imprimieron y lo lanzaron como panfletos sobre varias ciudades alemanas. Completo, fue traducido a otros idiomas y distribuido en los países ocupados por los nazis como Francia, Holanda y Polonia.