Por Claudio Chaves | 01/11/2026
El Presidente de la Nación, Javier Milei, y el reducido grupo de intelectuales que lo rodea han construido su pensamiento en el costado más peligroso del liberalismo. ¿Y cuál es este? El Iluminismo, la vertiente radical y extremista del liberalismo, que como todo corpus ideológico reconoce distintas líneas interpretativas y abordajes de la realidad.
Esta concepción, el Iluminismo, desató y promovió los momentos más salvajes de la Revolución Francesa: el reino de la guillotina y el terrorismo de Estado. Se trataba, entonces, de acabar con la Monarquía y el aparato cultural que le dio sentido durante cientos de años de manera rápida, cruel y despiadada.
En aras de crear un hombre nuevo, revolucionario y crítico del Antiguo Régimen, amante de la Razón, (Un Emilio) las matemáticas y la geometría como únicas ciencias capaces de explicar la realidad, se llevaron por delante a empellones la historia, la tradición, las costumbres, la religión y de paso las cabezas de los enemigos. ¡Al fin y al cabo la sociedad toda era sospechada de monarquismo y esa presunción los transformaba en enemigos!
Todo lo dieron vuelta a golpes de cuchilla con el afán de crear el reino de la razón universal donde todos seríamos iguales. La utopía del igualitarismo civilizador a las trompadas. De esta manera “la razón se muestra tiránica en su intento de hacer tabula rasa, de destruir tradiciones, condicionamientos y costumbres, o sea la historia entera en la estamos inmersos, sintiéndose inducida a una limpieza general, a eliminar las tradiciones, que se presentan como trastos viejos de antiguos tiempos. La razón ajena a la historia que se arroga la potestad de hacer todas las cosas de nuevo y mejor.” (Safranski, R. Romanticismo)
Entonces los revolucionarios se pusieron a cambiarlo todo. Por ejemplo, la medición del tiempo comenzaría en 1792, año I y a partir de allí II y sucesivamente. Nada de antes o después de Cristo. Los meses cambiarían de nombre en relación con la naturaleza, primavera, verano, invierno y otoño. Los meses se dividirían en tres semanas de diez días rompiendo con los siete de tradición bíblica y el domingo cristiano. La cuestión central era acallar el pensamiento y las tradiciones religiosas donde se refugiaba gran parte del sentimiento popular francés. El terrorismo de Estado implementado en la Vendée, región de Francia que se levantó contra la Revolución ha sido una de las tragedias humanitarias más impresionantes de la historia. Frente a esta concepción imperativa e inapelable se levantó en territorio de la futura Alemania una novedosa manera de pensar.
EL ROMANTICISMO
Los románticos no creían en la razón como camino a la verdad y menos si la traían los soldados de Napoleón en la boca de sus cañones. Fue una reacción contra la exportación de la Revolución Francesa. En tono intimista validaron la intuición, las emociones, los sentimientos, el pálpito, el instinto, como un camino al saber y a la ética, de esta manera al concepto de igualdad cartesiana verificada en la razón para saber y conocer, transmitida por la enseñanza, y a disposición de todos, se alzaba la singularidad y la diferencia en la medida que la individualidad es personal, única e irrepetible. Para el iluminismo la igualdad es el ideal, para el historicismo la diferencia. En el iluminismo hay una mirada unívoca que pregona e impulsa el progreso a la fuerza dado “Que la razón se impone a la historia. El progreso no está en la historia. Es obra de la razón que formula los valores y los impone a golpe de reformismo radical. La teoría iluminista del progreso implica el espíritu de utopía revolucionaria.” (Coriolano Alberini)
EL HISTORICISMO
El historicismo es el romanticismo aplicado a la historia. Una manera de entender el cambio y el progreso. El historicismo es liberal cree en el progreso pero de una manera distinta: “El progreso no se impone a la historia, se halla ínsito en ella. La creación no constituye un acto excepcional sino continuo. El progreso está en la esencia dinámica de la historia. Es inmanente no trascendente” (Alberini, C. Problemas de la historia de las ideas)
ALBERDI Y SARMIENTO
Estos dos pensadores y políticos argentinos expresaron en su accionar las dos vertientes del liberalismo. Alberdi orientado al historicismo, Sarmiento al iluminismo. En este corto artículo no abordaremos la totalidad de la obra de estos hombres, imposible, pero si, y a los efectos de que el lector visualice las consecuencias en la política de estas dos maneras de abordar la realidad veremos sus diferencias en un momento central de nuestra historia.
Urquiza había ganado la batalla de Caseros, derrotando al gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, que durante veintitrés años de dominio porteño había abortado todo intento de organización constitucional del país con el poder que le daba la riqueza de Buenos Aires. Derrotado, entonces en Caseros, Urquiza se dispone a la organización, con lo que hay, esto es, con la gente que acompañó al rosismo; y aquí el liberalismo constitucionalista triunfante se dividió. Sarmiento recomienda para los gobernadores rosistas: “La más trivial política aconsejaba dejar a estos caer por el peso de las circunstancias o notificarles su separación.” (Las ciento y una. Yungay. Octubre de 1852) Esto es arrasar con el interior e imponer a la fuerza la nueva realidad política. Alberdi no opina del mismo modo, afirma que la organización debe hacerse: “Con caudillos, con unitarios, con federales, y con cuanto contiene y forma la desgraciada República, se debe proceder a la organización, sin excluir ni aún a los malos porque también forman parte de la familia.” En definitiva, como en otro texto observaba Alberdi: “Promover el progreso, sin precipitarlo; evitar los saltos y las soluciones violentas en el camino gradual de los adelantamientos, abstenerse de hacer, cuando no se sabe hacer, o no se puede hacer, proteger las garantías públicas, sin descuidar las individualidades, cambiar, mudar, corregir conservando.”
Mientras el historicista Alberdi cree en la evolución, Sarmiento iluminista cree en la revolución, higienizar, limpiar, barrer, destruir. Su carta a Mitre de 1861 luego de Pavón es un claro ejemplo donde le solicita avanzar sobre el interior y no ahorrar sangre de gauchos, esto es comenzar de nuevo y de la nada. Iluminismo al palo.
MILEI
Cuando el Presidente afirma que no va a tocar una coma de su programa y que morirá con las botas puestas es un claro ejemplo de iluminismo extremo. Y al interior de su partido se juegan las mismas ideas a veces extremas y otras atemperadas pues nada se da de manera pura. Aplastar a los gobernadores o negociar con ellos. Su tozudes recuerda la de Simón Bolívar, quien educado en los principios del Iluminismo extremo, ante el devastador terremoto de 1812 que complicaba su lucha afirmó: “Si la naturaleza se opone lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca.” Y en otra circunstancia “Soy el arcano de la fama no hay sepulcro para mí porque soy más poderoso que la muerte.” El problema ocurre cuando la realidad es más fuerte. El joven Hegel partidario fanático de la Revolución francesa afirmó: “Si la realidad no coincide con mi teoría peor para la realidad.” Que es como morir con las botas puestas. El iluminismo causa mucho daño a la vida en comunidad .
