Malvinas continúa dándonos gratas sorpresas

Por Claudio Chaves | 26/07/2026

De pronto, casi de repente, sin decir ¡agua va!  un sector de la vida cultural  argentina se hizo malvinera.  El buen tono continuó y terminaron disfrutando de la Selección Nacional no obstante desconfiar  de ella  por su condición de desclasados,  jóvenes millonarios, sin conciencia nacional que  habían perdido arraigo y apego a la Patria.

Sin embargo todo cambió.  Con la sábana malvinera los despistados de siempre recorrieron su camino de Damasco. ¿Será de Dios que los progres se encaminan?

Los muchachos de la selección estuvieron bárbaros.  Revelaron un alto grado de conciencia.  Hasta ahí llegan ellos y está bien.  Los argentinos en cambio en sus distintos quehaceres intelectuales: políticos, periodistas, doctores, académicos, docentes,  cientistas,  y tutti cuanti,    que hacen de los latines y los griegos una fortaleza inexpugnable,  debieran considerar, en el tema Malvinas,  aspectos que omiten, naturalmente, para salvaguardar su salud  mental.

MALVINAS

Antes de 1982 las Malvinas no figuraban en la agenda de la izquierda, la centro izquierda y la progresía. El viejo colonialismo británico permanecía olvidado por los activistas de las modernas categorías antiimperialistas propias del siglo XX. Se movían con la agenda de Lenín, Mao o Fidel Castro. La soberanía territorial no  interesaba. El enemigo era el imperialismo norteamericano, el inglés se escondía en  libros ajados por el tiempo. Nuevas formas de lucha como el terrorismo subversivo fueron incorporadas por la izquierda iberoamericana. Y aquí aparece el primer problema. Resulta que  el gobierno militar y Galtieri, de manera personal, combatieron al terrorismo en América Central. En la Guerra Fría el Proceso Militar se  ubicó claramente del lado capitalista.  Todo era confuso, para unos y para otros. Por ejemplo, Perón, al que el Proceso despreciaba,  en 1952, en el marco de la guerra de Corea escribió: “Por razones políticas, ideológicas, geográficas y estratégicas, nosotros no podemos entrar a favor del comunismo. De modo que, descartado eso, ya determinamos en dónde está nuestro centro de gravedad en la acción: en el frente occidental. Lo que se avecina será una lucha entre el frente occidental y el oriental. Como nosotros estamos en uno de ellos, tenemos determinado allí el gran espacio donde vamos a actuar”. (Juan Domingo Perón, Conducción Política, 1951)

Galtieri se afincaba en el territorio que había indicado Perón y no lo sabía,    y el peronismo y la izquierda, auto percibida pro peronista,  se hacían los rulos como decía Cristina.

LOS BUENOS Y LOS MALOS

Sin embargo algo pasó que dejó a la progresía y a la izquierda en falsa escuadra. Galtieri junto al almirante     Jorge Anaya y en las sombras el almirante   Massera decidieron la ocupación de las Islas y retornarlas a la Patria. ¡De esta gente no se puede esperar nada bueno! rumiaba el establishment bien pensante.  Se llamaron a silencio  hasta el momento de la derrota. Luego una catarata de críticas arrasó con lo actuado. Los buenos y malos aparecieron: conducción y combatientes.   Dos mundos distintos y enfrentados.

La desmalvinización promovida por estos actores logró instalar en el sentido común  la idea que  la ocupación de las Islas se realizó  para perpetuar y lavar la cara al Proceso. El asunto merece un análisis más pormenorizado.  

WASHINGTON MARCA LA AGENDA

El Proceso  había decidido irse no porque estuviera convencido de las bondades de la democracia sino porque la política exterior de Carter continuada por  Reagan empujaban en esa dirección.  Muy difícil oponerse a esa sugerencia.  

El encargado de la pirueta  era el general Viola pero el hombre no estaba entusiasmado con la construcción de una fuerza política alternativa a la Multipartidaria, esto es,  al peronismo, al radicalismo y a los políticos de siempre que se habían juntado  atentos a la atmósfera política internacional.    Camilión, Canciller de Viola,  en sus memorias observa la afinidad de su jefe con el radicalismo a las que hay que  adicionar las   del Ministro del Interior,  general Liendo, en favor del peronismo.  Lo que dejaba al gobierno militar sin caballo del comisario pues sus simpatías estaban en la multipartidaria y no iban a correr con ellos. Los duros del Ejército y la Marina no lo permitirían.  

De modo que Galtieri desplaza al timorato y eterno parlanchín  Viola y con los partidos de derecha provinciales organiza en febrero de 1982 el portentoso asado de Victorica, La Pampa. Y al mes y medio  el operativo Malvinas.  Si la aventura  salía bien convocaba a elecciones con él como candidato. En una palabra  ganando o perdiendo el Proceso concluía. Galtieri decidió ser él el vehículo de las exigencias democráticas de Washington. Si un conservador como Reagan hablaba de democracia bien podía ser él el garante de la salida con sus partidarios de Victorica.

Pero algo extraño pasó,  tomadas las Malvinas las fuerzas políticas que acompañaron los acontecimientos fueron las de la Multipartidaria: peronismo, radicalismo, partido Demócrata Cristiano,  CGT y una fuerza que no constituía la Multipartidaria y conducía el historiador y político Jorge Abelardo Ramos, quienes visitaron las islas el 6 de abril.   

LA DESMALVINIZACIÓN

El primer hecho desmalvinizador lo realizó el Ejército cuando impulsó  el Informe Rattembach. Había que sepultar los hechos que entusiasmaban al pueblo. No es el lugar para detenerse sobre él solo decir dos cosas. El Proceso sostuvo dos guerras: contra la subversión y contra Inglaterra. En la primera se auto amnistió, en la de Malvinas crearon una Comisión constituida por militares golpistas poco afectos a emociones populares. Debió haber sido al revés.

Fue un disparate mayúsculo que esta Comisión  propusiera aplicar el artículo 221 del viejo Código Militar que contemplaba la pena de muerte. Un exceso de una magnitud gigantesca.  ¡Pena de muerte por intentar recuperar Malvinas!

Errores estratégicos y tácticos en nuestra historia militar hubo muchos   solo haré referencia a uno entre todos ellos. El general Belgrano, héroe y prócer nacional, en la batalla de Vilcapugio se equivocó estratégica y tácticamente. El   gobierno del Segundo Triunvirato  ordenó a San Martín asumir la conducción del Ejército del Norte detener a Belgrano y enviarlo a Buenos Aires para ser juzgado. En la ciudad mientras tanto se llenaban las paredes de carteles solicitando su enjuiciamiento.  San Martín ser negó afirmando que no era el momento de juicios pues eso debilitaría al Ejército patriota dando aire al enemigo.

LA COMISIÓN RATTEMBACH

Esta Comisión fue una vergüenza desde cualquier punto de vista que se la mire. Contribuyó a quebrar el espíritu y la entereza  nacional y fortalecer la del enemigo. A excepción de dos de sus componentes el resto había participado activamente en golpes de estado  contra  gobiernos constitucionales. En particular Rattembach quien se sublevó en 1951, en 1955 y en 1976 destacando que lo hacía, en este último caso,   por la condición de mujer de la Presidente de la Nación y su estado mental. En 1963 firmó el decreto 2712 referente  a la presencia de  fuerzas antidemocráticas peronistas en la vida institucional del país determinando responsabilidades penales para: los que hicieren de palabra o por escrito la apología del tirano prófugo o del régimen peronista o del partido disuelto por decreto-ley. Otro componente de la Comisión fue el general Sánchez de Bustamante brazo derecho del general Lanusse, golpista de 1951 y creador  de  la salida electoral amañada de 1973.

Se hace incomprensible, entonces,  que en el año 2012 cuando la Presidente Cristina Kirchner presentó públicamente el Informe lo haya hecho destacando la condición sanmartiniana del general Rattembach. Enterrando aun más la gloria de Malvinas. ¿Sanmartiniano Rattembach, es un disparate colosal?

Una acción de pinzas entre el Ejército y sectores de la sociedad civil han contribuido a desmerecer la decisión de Malvinas. Marcelo Larraquy, progre paladar negro,  respecto de la guerra ha dicho: “Fue una extorsión de los militares porque los argentinos lo sentimos como un despojo”

El Club Político, asociación de intelectuales lábiles con la sensibilidad nacional, declararon en el 2022 por la pluma de   Marcos Novaro: “Lo mejor que nos pudo haber pasado en 1982 fue la derrota.”. Que es como festejar Huaqui, Vilcapugio o Cancha Rayada.  El amor al fracaso que  es el amor a la muerte. ¡Es el mal! Si aquella generación independentista hubiera festejado las derrotas no hubiera habido Ayacucho. Una reflexión que aún nos debemos. Los muchachos de la Selección nos han dado una lección de honor para pensar de  nuevo.