El último de cinco artículos de Claudio Chaves en una serie de notas sobre la identidad y la conciencia nacional respecto de Malvinas.
Por Claudio Chaves | 28/06/2026
ANTECEDENTES DEL CONFLICTO. ADVERTENCIAS Y CONCLUSIONES DEL INFORME RATTEMBACH.
En su primera parte y bajo el ampuloso título: “Los supremos intereses de la Nación” afirma con locuacidad desmalvinizadora que:
“Si ellos (Gobierno y Generales) no apreciaron correctamente las posibilidades del país, ni previeron las consecuencias ulteriores, de muy poco han servido el entusiasmo nacional, el sacrificio de los hombres que yacen en las Islas y en el fondo del mar, y el coraje de los que supieron empuñar honrosamente sus armas en tierra, mar o aire”.
Comenzar el informe advirtiendo que el error estratégico de los responsables anula el entusiasmo nacional, el sacrificio de los muertos y el coraje de nuestros soldados es un error político ya observado en renglones anteriores. Separar la conducción de los combatientes no suma al proceso malvinizador. Como tampoco frente al usurpador. ¿Significa que hay que callar? No, de ningún modo, puede entenderse y aceptarse siempre y cuando fuera absolutamente secreto. Pero trascendió publicado por dos revistas de basta tirada y por el centro de Ex Combatientes de La Plata. En el caso de las revistas fue un asunto comercial en el de ex combatientes, ideológico-politico.
Volviendo al informe hay bajo este título un punto de extrema importancia para aquellos años pero mucho más para la actualidad:
“La importancia del Atlántico Sur desde el punto de vista estratégico no se deriva de los recursos renovables o no renovables, reales o potenciales que pudiere ofrecer, sino que ella proviene de su tráfico marítimo, ya que más de 200.000 barcos surcan sus aguas por año, enarbolando banderas de numerosos países, pero particularmente, de Europa Occidental” Hoy al tráfico marítimo se adiciona la riqueza pesquera depredada en su mayoría por China. Por lo tanto el interés por el Atlántico Sur ha crecido exponencialmente respecto de aquellos años agravado por la nueva geopolítica mundial entre EE.UU. y China. El informe resalta la importancia del Atlántico Sur y Malvinas pero dirá al final que la guerra no era la forma. Los argentinos hasta hoy no hemos encontrado la forma.
Señala el informe todo lo que la Argentina hizo por el bienestar de los habitantes de Malvinas: proveer gas y petróleo, asistencia médica, escolar y vuelos regulares realizados por LADE. Apunta como un error la concurrencia de turismo argentino a Malvinas sin emitir una opinión laudatoria a esta industria y esta decisión argentina que promueve el acercamiento y el conocimiento mutuo.
El informe detalla más finamente los desacuerdos a partir de la llegada del conservadorismo al poder en Inglaterra y al igual que Franks señala que en las conversaciones en Nueva York a partir de 1980 se aceptó la presencia de un isleño, pero no como tercero en la disputa, sino formando parte de la delegación británica, esto último Franks no lo dice y el almirante Busser lo observa como un grave error. La Comisión en este punto miente porque busca la condena de la Junta que se lanzó a la guerra.
No hay contradicción entre el informe Franks y el Rattembach acerca de las negociaciones a partir de 1980 sobre otorgar la soberanía de las islas a la Argentina a fecha a considerar y en el mientras tanto el arriendo de las mismas a Inglaterra. Thatcher no veía bien este asunto: “A mí no me gustaba esta propuesta pero el subsecretario y yo estábamos de acuerdo que debería estudiarse, aunque siempre bajo la condición que serían los propios isleños quienes tendrían la última palabra.” [1]
El informe Rattembach asegura que: “En la obsesión de resguardar la sorpresa estratégica, se eligió el peor momento desde el punto de vista de la política internacional. Lo sensato era superar la crisis de las Georgias y mantener la previsión de ocupación para una fecha posterior, y enderezar, mientras tanto, nuestra política exterior hacia el campo de los «no alineados», para conquistar su apoyo. Esto debió ser advertido por el excanciller”. Naturalmente estas son todas consideraciones de orden político que no debieron ser juzgadas y menos sugerir penas y castigos que aplicaría el gobierno radical. Paso siguiente dice:
También debe imputársele (al Canciller y a la Junta) una errónea evaluación sobre la actitud que asumiría EE.UU. en caso de conflicto, a la luz de los intereses políticos en juego. La participación de asesores del Ejército Argentino en Centro América y nuestra posible influencia en Bolivia, fueron factores que el Gobierno apreció erróneamente, ya que supuso que tales acciones tendrían tal importancia para los EE.UU., que su gobierno estaría comprometido a mantenerse equidistante en caso de conflicto con Gran Bretaña (Declaración del Almirante Anaya). Las observaciones más fuertes del Informe son de orden político lo que invalida sus opiniones puesto que no estaban allí para juzgar políticas. Para eso está la política y posteriormente la historia.
En el item 107 hay un grave error conceptual acerca de los poderes públicos, y del espíritu de una República Constitucional, veamos: “los ministros, en su carácter de consejeros, representan en el gobierno las ideas más influyentes de la sociedad. Por eso, debido a su elevada misión, no pueden aceptar ciegamente la opinión del presidente, sino examinar por sí, como hombres de estado, como servidores de la República, lo que es justo, legal y útil al bien común. Por otra parte, esta es la doctrina constitucional de la República Argentina.” El autor del presente artículo no pretende aliviar de responsabilidades políticas al Canciller Costa Méndez pero lo que observa la Comisión es un error los ministros no son la voz ni los representantes de la comunidad ante el Ejecutivo sino casualmente al revés. Este y otros ejemplos que harían extensísima esta nota revelan un sesgo político disfrazado de objetividad aséptica.
Al igual que con el informe Franks solo abordaremos algunas opiniones que a quien esto escribe le llaman la atención por la endeblez o confusión en lo actuado y considerado. En el item 153 se puede leer: “Asimismo, la emotiva reacción popular que se produjo a lo largo y ancho de todo el país, le hizo sentir al Gobierno Nacional un fuerte respaldo a sus acciones, lo cual indujo a que el Presidente de la Nación hiciera pública manifestaciones de compromiso con el pueblo, que a la postre significaron la pérdida del margen de negociación de que se disponía inicialmente, y que era -por otra parte- el objetivo expresado de ocupar para negociar.” Analizado en la frialdad de una oficina esta sentencia es válida. Ahora, las movilizaciones fueron espontáneas algunas, otras inducidas por distintos sectores pero deben ser considerados hechos políticos, solo mensurables en el territorio de la política no en Comisiones conformadas para evaluar aspectos técnicos. En ese error sugirieron penas gravísimas. Con ese criterio comisiones debieron haber sido creadas para juzgar distintos gobiernos nacionales que fracasaron por ineptitud e ineficiencia. Es por esta razón, sospecho, que las declaraciones de Balza citadas anteriormente remiten a que no sea una constante en nuestro país la ausencia de la autocrítica o peor aun del delito. Si el hecho es político no debería haber una comisión ¿pero si es delito? Sí. Y hacia ahí apunta Balza a observar como un delito la Guerra de Malvinas. Hay muchos ejemplos en nuestra historia que hemos citado y no obstante la derrota, los vencidos fueron aclamados. Puntualmente y frente a estas declaraciones de Balza, absolutamente desmalvinizadoras, el General debiera repasar y la Comisión también, o mejor dicho estudiar, la actuación de Carlos María de Alvear cuando ejercía el cargo de Director Supremo, esto es autoridad nacional (1815), quien agobiado por la enorme variedad de problemas que lo azotaban dirigió una carta al Canciller británico lord Castlereagh: “Estas provincias desean pertenecer a la Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso. Ellas se abandonan sin condición alguna a la generosidad y buena fe del pueblo inglés.” Se hizo público y fue un escándalo, no se constituyó una Comisión. Fue desplazado del cargo por un levantamiento militar. En una palabra a problemas políticos, soluciones políticas. Años después el que quería entregar las provincias unidas a Inglaterra alcanzó un resonante triunfo militar contra Brasil en 1827 en la batalla de Ituzaingó. Constituir Comisiones con hombres atados a prejuicios políticos y claros sentimientos de minusvalía emocional es un error imperdonable. Sólo, con esos elementos humanos se logra condenar a quienes mal, improvisadamente y a la bartola emprendieron la recuperación de un patrimonio tan importante como las Malvinas y el Atlántico Sur.
El Proceso como hemos dicho estaba terminado si en Malvinas nos iba bien o si nos iba mal, como ocurrió. De manera que fracasada la Junta que inició la guerra ocurrió su renuncia y la salida electoral sin cría o caballo del comisario. Con el consiguiente castigo social a su impericia. Ahí estuvo su castigo, en su fracaso. Juan Bautista Alberdi en carta a Urquiza, cuando los porteños que tanto habían apoyado a Rosas aprobaron la pena de muerte en ausencia, escribía el tucumano: “En cuanto al general Rosas, me ha parecido que he debido tratarlo hoy con doble miramiento por lo mismo que sido objeto de una condenación local, que no hace honor a la Nación Argentina. Él fue ya juzgado y castigado el 3 de febrero de 1852. Cuando dos partidos salen al campo con espada en mano se entiende que se someten al juicio del Dios de los pueblos, que son las batallas. El que cae vencido es el condenado. Su derrota es su sentencia.” [2] Los porteños, amigos y enemigos, lo condenaban a muerte y traición a la Patria por su programa y acción política durante veinte años. Alberdi condenaba semejante desatino siendo que había sido un adversario de cuidado. Estas palabras le caben a los integrantes de la Junta Militar que decidió la guerra. Su derrota es su sentencia. ¿A qué seguir con Comisiones?
Ese impulso vivificador que fue el 2 de abril podemos completarlo con la frase de Sarmiento extraído de su libro Facundo: “No se puede hacer nada en la vida sin equivocarse; pero hay que hacer bien, y si no se puede hacer bien, hay que hacerlo, aunque se haga mal”
CAPITULO II
¿QUE POSIBILIDADES HAY DE RECUPERAR LAS MALVINAS?
Desde 1982 hasta nuestros días el mundo ha cambiado de manera vertiginosa. Lo que podía ser válido para aquellos años, hoy es prehistoria. Fueron una sucesión de acontecimientos. La caída del comunismo, la desaparición del tercer mundo, el unilateralismo de EE.UU. en los 90, la emergencia de China en los 2000, el lento retroceso norteamericano en lo que hace a conflictos globales, el enfriamiento de la U.E. el multilateralismo renacido, el retroceso de los organismos asociados a las Naciones Unidas, el renacimiento de los nacionalismos identitarios y sigue la lista, pareciera que nada queda en pie de aquella época.
En las nuevas coordenadas políticas el presidente Donald Trump procura remozar la Doctrina Monroe. No queda claro cuál será la profundidad de la actualización y hasta donde quiere llegar. Veremos, puesto que se ha metido en la guerra contra Irán postergando al parecer su interés por América, ese descuido implica un nuevo avance chino. La decadencia europea y el auge del narcotráfico han alertado a la actual élite Republicana. Veamos. Respecto de Europa tanto él como el Vicepresidente Vance han señalado en reiteradas oportunidades la decadencia moral del viejo continente, la cultura woke y la inmigración, sin freno y sin control, y lo que es peor sin obligarlas a ser culturalmente europeas, han sido señaladas en múltiples ocasiones como uno de los males a corregir. No se ha hecho. Y el asunto del narcotráfico se ha transformado en un problema gravísimo no solo en lo que hace a la salud de la población, ya que tiene historia como arma contra la sociedad norteamericana. El hijo del guerrillero Masetti, amigo y compañero del Che, afirma en su libro El Furor y el Delirio: “El rumor del tráfico de drogas relacionado con Cuba se remonta a fines de los años setenta; entre los revolucionarios aquello no chocaba porque era una forma más de hacerle la guerra al imperialismo.” [3] Adicionando al problema de salud otro tan o más grave: el narco desafía al poder de los Estados Nacionales destruyéndolos desde adentro.
LA DOCTRINA MONROE SU RAZÓN DE SER EN ORIGEN
Cuales han sido las razones del presidente Monroe, a través de su Secretario de Estado, Quincy Adams, de publicar aquel famoso escrito de 1823 y hacerlo política de Estado. Europa salía de una guerra que ya duraba muchos años. Derrotado Bonaparte en 1815 el viejo continente procuró recomponerse luego de quince años de guerra ininterrumpida. Buscó hacerlo en los términos políticos de los triunfadores, esto es bajo regímenes monárquicos absolutistas, como si la Revolución Francesa jamás hubiera ocurrido. Los vencedores se juramentaron como Santa Alianza, en el Congreso de Viena, comprometiéndose a aplastar las ideas liberal-republicanas propias de la revolución de 1789, tanto en Europa como en América. En esta idea participaron las potencias reaccionarias de aquellos años: Rusia, Prusia, Austria, Inglaterra, Francia restaurada con Luis XVIII y finalmente España. El primer intento de invasión a nuestro continente para instalar el orden conservador europeo ocurrió en 1815 cuando Fernando VII envió a América una flota al mando del general Morillo que recaló en Caracas, ocasionado estragos en aquella región. Con el tiempo lo arreglaría Bolívar. Mientras tanto aquí en el Río de la Plata, ante ese clima europeo, se convocó a un Congreso en 1816 que declaró la Independencia. El 6 de julio en sesión secreta habló Belgrano a los Diputados con el objetivo de describir la situación europea que conocía al detalle, allí dijo: El viejo continente ha perdido las esperanzas y el entusiasmo en nosotros desde el momento que caímos en la anarquía y el desorden. No habrá ayuda de allí, sino todo lo contrario. Las ideas han mutado de republicanas a monárquicas, de modo que conviene a nuestras provincias una forma de gobierno monárquica temperada si no queremos sufrir las consecuencias de una invasión de los aliados. La monarquización europea continuó muchos años más. En este marco debe ser comprendida la declaración del Presidente Monroe siete años después.
LA SANTA ALIANZA
La Santa Alianza se reunió en distintas oportunidades: Aix la Chapelle (1818). Troppau (1820) Leybach 1821, y Verona (1822) en este último se abordó la situación española de permanente inestabilidad. Es que Fernando VII, restaurado en 1814, llegado el año 1820, organizó una poderosa fuerza militar para recuperar América. Para la ocasión recibió el aliento del zar Alejandro I de Rusia, hombre irresistible a cuanta reina y soberana europea se le acercara, incluso el mismísimo Napoleón fue seducido en su momento, sin embargo nada logró con Fernando VII, un gandul insensible a la belleza. De manera que no operaron en conjunto. Pero no se sabía El ejército español se sublevó al mando del general Riego el 1 de enero de 1820 obligando a Fernando a jurar la Constitución de 1812. La Santa Alianza estalló de ira y determinó que Francia se hiciera cargo del problema, esto era poner en caja a los rebeldes españoles. Ante la invasión francesa a España los EE. UU. reaccionaron.
LA DOCTRINA MONROE
Si bien la invasión a España se realizó para restaurar el absolutismo fernandino el temor que la intromisión alcanzara a América, según lo estipulado en Verona en 1822, se había generalizado. El éxito de la Santa Alianza en España podía empujar a Francia y a Rusia a buscar colonias en América. Inglaterra esto lo veía muy mal de modo que George Canning, canciller británico, invitó a Monroe a actuar en conjunto, lo que implicaba no solo los asuntos americanos sino involucrarse en los europeos, aspecto que contradecía el legado de Washington: “La regla fundamental de nuestra conducta con las naciones extranjeras es esta: extender entre ellas nuestras relaciones comerciales, pero mantener con ellas el menor contacto político posible.” [4]
Monroe, entonces, consultó el asunto con Jefferson y Madison (expresidentes) quienes le aconsejaron que aceptara la propuesta inglesa. Sin embargo fue su Secretario de Estado, Quincy Adams, quien se opuso a toda acción conjunta con Inglaterra y redactó la declaración atribuida a Monroe. Es extensa de modo que no la citaremos en su totalidad. Antes diremos que los EE.UU. reconocieron la independencia de sud américa en 1822 enviando representantes a cinco países iberoamericanos, entre ellos, nosotros. Inglaterra lo haría en 1825.
En orden de aparición, Monroe, lo primero que se propone es arreglar es la pretensión Rusa sobre Alaska, y del sur oeste marítimo norteamericano, convocando al Zar a una negociación amistosa, que se alcanzó en 1824. Luego parar las ambiciones españolas de recuperar sus colonias, entre ellas México, en un operativo de pinzas con el zar que avanzaría a desde Alaska, cortándole la salida al Pacífico a los EE. UU. finalmente las intenciones de la Santa Alianza, fundamentalmente Francia, de morder nuevamente territorios en América habiendo perdido Santo Domingo y la Loussiana, que fue vendida a EE.UU. por Napoleón para continuar sus guerras en Europa.
Seguidamente y lo más importante de la declaración: “El sistema político de las potencias aliadas es esencialmente diferente del de América. Corresponde a nuestra franqueza y a las relaciones amistosas que existen entre los EE.UU. y aquellas potencias, declarar que consideramos peligrosa para nuestra paz y seguridad toda tentativa de ellas para extender su sistema a una porción cualquiera de este hemisferio. Es imposible que las potencias aliadas puedan extender su sistema político a cualquier parte de uno u otro continente sin poner en peligro nuestra paz y seguridad. La verdadera política de los EE.UU. continúa siendo dejar a las partes entregadas a sí mismas.”[5]
Si se lee con atención y sin prejuicios lo que se observa de aquella declaración es el temor de las autoridades norteamericanas a la tendencia de la Santa Alianza a monarquizar todo. Temor a la reacción antidiluviana europea más que a la ocupación territorial. Aunque una no va sin la otra.
¿QUE QUIERE TRUMP?
Sus críticas al modelo político y cultural europeo lo hacen consecuente con Monroe. El woquismo imperante en Europa no es la modernidad es la manifestación palmaria del atraso, como el monarquismo en el siglo XIX. El signo de la bestia, la decadencia.
Si Trump está dispuesto a romper con Europa, se verá, en el momento de la redacción del presente artículo (abril de 2026) Trump le ha planteado varias cuestiones a Europa y a la OTAN. Enojo por no sostener económicamente a la Alianza del Atlántico Norte y además no contribuir a despejar el estrecho de Ormuz clausurado por Irán como respuesta a la guerra de Israel y los EE.UU Varios países europeos, Gran Bretaña, Alemania, Francia, Italia y España han manifestado que esa no es su guerra por lo tanto no hay ayuda. Trump le ha enrostrado al viejo continente el apoyo norteamericano en la Primera y Segunda Guerra mundial. Las cosas están sumamente tirantes. Si bien se mira y de ser cierta la resurrección de la Doctrina Monroe, Estados Unidos debiera refugiarse en su continente y dejar que Europa se arregla con sus fuerzas. Mientras tanto es la oportunidad de que Argentina encuentre a los EE.UU. de nuestro lado y a Inglaterra del otro, como con Quincy Adams. Quizás haya una brecha y suceda una oportunidad. Frente a la nada no es poco esta perspectiva. Milei a partir de su vínculo con Trump o el que lo suceda podría intentarlo. Es tan solo una idea. De hacerlo tendría que ser rápido por aquello de que nada es para siempre.
EL PERONISMO DEBIERA ACEPTAR LA IDEA
El peronismo en cualquiera de sus variantes debería aceptar si tiene en cuenta que siendo Presidente, el general Perón, como ya lo hemos señalado, en enero de 1974 y en el marco de una nueva Resolución de Naciones Unidas, la 3160, el viejo General habría aceptado una oferta de condominio sobre la soberanía de las Islas. No hay documentación. Sin embargo algo debió haber pasado porque el informe Franks y esto sí es cierto (realizado por los Servicio de Inteligencia Británicos) hace mención, volvemos a escribirlo “Hacia fines de 1973 se pensó que la actitud argentina se estaba endureciendo, y por vez primera había señales de que el gobierno argentino del presidente Perón podría estar preparando planes de contingencia para la ocupación de las islas” (Franks) “Ante los riesgos de una acción económica y militar contra las islas, se debía discutir con el gobernador de las Malvinas la probable reacción de los isleños ante la posibilidad de condominio como alternativa a una transferencia de la soberanía. El gobernador y el embajador británico en Buenos Aires opinaron que la idea era plausible. Perón habría aceptado el condominio pero fue Inglaterra quien se echó atrás. Antes de que esto pudiera concretarse, las elecciones generales de marzo de 1974 llevaron a un cambio de gobierno. Asumió un gobierno laborista. Se iniciaron conversaciones con el gobierno argentino, pero, ante la continua negativa de los isleños se decidió que no tendría sentido continuar de lo que se informó en agosto de 1974 al gobierno argentino.” (Franks) El mismo informe dice que la única manera de parar toda acción belicosa consistía en hacernos creer que las negociaciones continuaban.
El informe Rattembach, no dice nada al respecto. Inglaterra advierte la disposición de Perón, Rattembach y Sanchez de Bustamante lo ignoran. Es raro. Sea como fuere se abre una posibilidad de plantear a los EE UU que América sea para los americanos. Y proteger en conjunto el mar argentino depredado por chinos y europeos. Y de ser posible hacer real lo que el Subsecretario de Estado Enders negó en su momento.
[1] Thatcher, Margaret: Ob. Cit. P. 173
[2] Cárcano, Ramón: Urquiza y Alberdi. Ed. La Facultad. Bs. As. 1938. Carta de Alberdi a Urquiza 8/8/1861. P. 611
[3] Masatti, Jorge: El Furor y el Delirio. Ed. Tusquets. Barcelona. 2004. P. 225
[4] Izaga, Luis: La Doctrina de Monroe. Su origen y principales fases de su evolución. Ed. Razón y Fe. Madrid 1929. P. 30.
[5] Pereyra, Carlos: El Mito de Monroe. Ed. Jorge Álvarez. Bs As. 1969. P. 54.
