Tercero de cinco artículos de Claudio Chaves en una serie de notas sobre la identidad y la conciencia nacional respecto de Malvinas.
Por Claudio Chaves | 31/05/2026
COMPLEJIDAD PARA ENTENDER LA GUERRA
Malvinas encierra una enorme complejidad. Hubo y hay varios interrogantes formulados: ¡Fue una imprudencia! ¿Cómo es que la Dictadura Militar socia de occidente se enfrentó a él? ¿Hay que creer en la honestidad de esta guerra ordenada por unos sátrapas arrastrados ante el Imperio? ¡Entre bueyes no hay cornadas! ¡No hay nobleza patriótica en los hechos! ¡Fue una mascarada! En estas frases repetidas al infinito anidó la desmalvinización y continúa cuarenta y cuatro años después. En el otro extremo, en el malvinismo radical se afirma: hay que ir hasta las últimas consecuencias y torcer el rumbo de la política internacional. EE.UU. e Inglaterra, Ronald Reagan y Margaret Thatcher, son la cara sangrienta del capitalismo salvaje, venciéndolos se abre en el mundo la hora esperada del nacionalismo de izquierda o de los años “dorados” del 60. Por supuesto que también hay otra mirada, aferrada a los hechos y a la justicia del reclamo, sin cargas ideológicas: nos inclinamos por esta última. Nos acercaremos, entonces, a los hechos sin prejuicios ni pulsiones ideológicas.
RECLAMOS, DEMANDAS Y TRATATIVAS SOBRE LA SOBERANÍA DE LAS MALVINAS
A partir de la década de 1960 Naciones Unidas no pudo ignorar más el problema de los países coloniales. Sus luchas y el desequilibrio que ocasionaban en occidente se hizo insoportable y temido.
El anticolonialismo fue tomado como bandera por la izquierda. Las guerras de liberación de India, China, Vietnam, Argelia, Congo, Angola, Marruecos e innumerables más, determinó la Resolución 1514 sobre la necesidad de impulsar la independencia de las naciones coloniales. Había que terminar con estos temblores. Y así, como el Estado de Bienestar fue la respuesta que el capitalismo encontró para alejar a las masas del comunismo, la resolución 1514 fue la solución para alejar las guerras anticoloniales del comunismo. Es que este anticolonialismo había trocado en antiimperialismo y este último constituía la centralidad del marxismo remozado por Lenín en 1916, cuando escribió su opúsculo el “Imperialismo etapa superior del capitalismo” de modo que el antiimperialismo llevaba ínsito una fuerte dosis de anticapitalismo. O dicho de otra forma la lucha contra el imperialismo iniciaba el camino al socialismo.
Con la resolución 1514 se abrió para nuestro país la puerta jurídica para relanzar nuestras demandas sobre Malvinas y así se hizo. Le cupo la responsabilidad de asumir la tarea al Gobierno del Doctor Illia a través de su Canciller Miguel Ángel Zavala Ortiz quién logro que la Asamblea General de la ONU ordenara a las partes litigantes, Argentina e Inglaterra, a proseguir las negociaciones sobre Malvinas. La Resolución 2065 reconocía el carácter colonial del conflicto por lo tanto debía ser entendido y resuelto en el marco de la Resolución 1514 y también de los intereses de la población de las Islas. A partir de esta determinación seguiremos a grandes trazos los acontecimientos posteriores recurriendo al valioso informe realizado por los Servicios de Inteligencia británicos, conocido como informe Franks solicitado por Margaret Thatcher para esclarecer lo acontecido. Mientras Gran Bretaña desentrañaba los acontecimientos que llevaron a los dos países a la guerra, aquí en la Argentina el informe Rattembach no procuraba conocer los antecedentes y la verdad, como el informe Franks, sino castigar a los que impulsaron la guerra. El Informe Final, el general Rattembach no lo firmó con los demás miembros de la Comisión, lo hizo en soledad, marcando su desacuerdo con la inclusión de contenidos históricos que no correspondían ser atendidos, según él. La Comisión debía determinar errores y deducir responsables. Castigar y castigar. Thatcher contenta. Esta es la diferencia entre un país con conciencia de Nación y otro que desde hace años ha perdido el rumbo.
Antes de entrar de lleno al informe Franks una anécdota nos pinta de cuerpo entero como país. La Resolución 2065 alcanzada por el gobierno radical del doctor Illia, en diciembre de 1965, puso en alerta al peronismo que estaba proscripto. Su Jefe, no solo no podía retornar a al país, sino que el Presidente Illia lo había hecho detener en Brasil cuando intentó el retorno, a fines de 1964.
Las banderas de la soberanía nacional desde hacía al menos veinte años descansaban en manos del justicialismo; en general sus dirigentes habían asumido los valores del nacionalismo cultural, Patria si, Colonia no, fue durante años su consigna tomada del nacionalismo pre peronista. Pero de pronto el radicalismo picaba en punta y parecía quedarse con estas banderas. El reclamo en la ONU fue categórico; si a esto le sumamos la anulación de los contratos petroleros firmados bajo la presidencia de Frondizi, el nacionalismo parecía cambiar de manos. La angustia existencial crispaba el alma juvenil de los adolescentes que se peronizaban. Algo había que hacer. De modo que un grupo de jóvenes hijos de la resistencia peronista, imbuidos del revisionismo histórico nacionalista que estaba dando cuerpo y dirección al relato histórico del peronismo, comenzaron a planear desde enero de 1966 (un mes después de la 2065) lo que dio en llamarse el Operativo Condor, que se realizó en setiembre del mismo año. No fue una acción dirigida contra el gobierno de Onganía como se ha sugerido en distintos momentos. Y no lo podía ser porque Perón, los primeros días de julio de ese año, frente a la Revolución Argentina, había manifestado cierta simpatía además de aconsejar “desensillar hasta que aclare”. Onganía no había pasado, aun, a la fase liberal con Krieger Vasena. El Ministro de Economía era Salimei un joven empresario católico que satisfacía las aspiraciones de los nacionalistas que había en ese gobierno como el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, el Jefe de la Policía Federal, el Ministro del Interior y el Canciller, entre otros. Héctor Ricardo García dueño del diario Crónica acompañó la expedición y luego escribió un extenso relato. Allí nos anoticia que el operativo comenzó a planearse en enero de 1966 un mes después del avance en la ONU y antes del golpe de junio.
El operativo consistió en desviar un avión de Aerolíneas Argentinas, que iba a Rio Gallegos, rumbo a las Islas Malvinas. Mientras el gobierno radical conseguía en la ONU una resolución para comenzar a negociar, el peronismo las tomaba por la fuerza. Con esa aventura comienza el Informe Franks.
EL INFORME FRANKS
Cuando el informe se hizo público en Inglaterra en enero de 1983 una sola editorial lo dio a conocer en el país y esto hasta el día de hoy (abril de 2026). Fue Ediciones del Mar Dulce en 1985 con prólogo de Jorge Abelardo Ramos. Esto habla del desinterés de historiadores, intelectuales y periodistas por acceder a una fuente de extraordinario valor. El informe parte de la Resolución de la ONU 2065/65. Como ya lo hemos dicho el Informe Franks elaborado por los Servicios de Inteligencia británicos a pedido de Margaret Thatcher cumplió ampliamente el objetivo de investigar prácticamente día por día los pasos que llevaron a la guerra. Un notable documento de altísimo valor histórico. En el presente trabajo solo citaremos algunos capítulos que pongan en evidencia la necesidad de editar por parte del Estado Argentino este informe.
Haremos un recorrido por él señalando los puntos más sobresalientes y enfrentándolos con otros provenientes de fuentes argentinas: Ministros, Jefes Militares, Periodistas. A continuación, el Informe.
El primer reclamo argentino en el marco de la Resolución 2065 lo realizó la Argentina en una reunión en Londres en julio de 1966. Donde el Embajador argentino presentó una nota exigiendo formalmente la restitución de las Islas Malvinas a la Argentina. Los británicos rechazaron el pedido. Gobernaba el país el general Juan Carlos Onganía y el Canciller era Nicanor Costa Méndez. En noviembre de 1967 tanto el Informe como Costa Méndez [1] manifiestan que las dos naciones se han puesto de acuerdo en alcanzar un entendimiento en donde Inglaterra estaría dispuesta a ceder la soberanía siempre que se respetaran los deseos de los isleños. Y acá apareció por primera vez el concepto “deseos” de los isleños, que tantos problemas acarreó y que no queda claro la razón de una discusión absurda acerca de cuál es la diferencia entre intereses planteada por la Resolución 2065 y la novedosa creada por la Cancillería británica deseos. Trocar deseos por intereses generó un parate en las negociaciones, cuando en realidad el problema no residía allí, sino en quien juzgaría que los intereses o los deseos isleños serían salvaguardados: ¿La Corona Británica o los isleños? Ahí estaba el problema no en la palabra.
La Resolución 2065 podía ser leída, entonces, de dos maneras. De todos modos como veremos seguidamente en el Memorándum de entendimiento de agosto de 1968 vuelve a colocarse la palabra intereses. Por lo tanto deseos o intereses no mueve el amperímetro. Y para los ingleses se trató del mismo asunto. Se va, se viene, mudan las palabras y aquí no ha pasado nada.
El 14 de agosto de 1968 con el título Memorándum de Entendimiento las dos naciones acordaron discutir la soberanía en tanto la Argentina garantizara la libertad de comunicaciones y de movimientos entre las islas y el continente estimulando el desarrollo de vínculos culturales y económicos. El Reino Unido reconocería la soberanía a partir de una fecha a ser convenida. En el Memorándum se habla de que “el Reino Unido considerará si los intereses de los isleños estarían asegurados por las salvaguardias y garantías a ser ofrecidas por el gobierno argentino y el gobierno del Reino Unido se halle entonces satisfecho de que aquellos intereses estén asegurados así”.
Leer con atención lo anterior ahí se afirma que es el Reino Unido quien definirá si los intereses están salvaguardados. Si se resuelve que los isleños tengan voz y voto es una cosa, y si es el Reino Unido quien determine los deseos y los intereses de los isleños, es otra. El Memorándum pone en manos de Gran Bretaña la decisión. Pero con el tiempo las cosas cambiaron e Inglaterra cedió a las islas el poder de decidir sobre deseos e intereses.
“El gobierno británico, al desoír la Resolución 2065 y al dar prioridad a los deseos cedía el poder que le era propio a los isleños y perdía la palabra final para acordar con el gobierno argentino.” [2] Era evidente que Gran Bretaña buscaba eludir su responsabilidad puesto que ella estaba en la ONU y las Malvinas no.
Por todas estas cuestiones queda claro que había contradicciones en Inglaterra, entre el Parlamento, el Foreign Office, el Canciller y las Islas, que se traslucen en el Informe Franks. En 1967 aparece allí la palabra deseos de los isleños y en el Memorándum de 1968 se dice que será Inglaterra quien considere si los intereses isleños están bien defendidos. Y finalmente en el Informe de 1983 Frank asegura en el párrafo 24 que la transferencia de soberanía se realizaría cuando las condiciones fueran aceptables para los habitantes de las islas. A la Argentina se le hacía muy difícil negociar frente a estos cambios, de manera que la temperatura subía, lenta, pero firme y concluyente. “Gran Bretaña había decidido no negociar en serio sobre la soberanía, es decir, que todas las conversaciones solo perseguían el propósito de demorar y engañarnos.” [3] El Informe Franks es muy claro en este punto se trataba de continuar las conversaciones aunque no se llegue a ningún acuerdo pues eso impediría que la Argentina asumiera posiciones belicistas. Planificado o lleno de contradicciones el Reino Unido nos acorraló obligándonos a la guerra.
Volviendo al Memorándum de 1968 aquello fue algo conversado pero no firmado. Quedó como una charla de caballeros entre el Embajador Argentino en Londres y el Ministro Lord Chalfont. [4] Esto no marchó pues en el Parlamento Británico, los Comunes presentaron serias objeciones.
Aquí en nuestro país, los problemas no fueron a la zaga ocurrieron cosas raras que no las manifiesta el Informe Franks, pues las desconoce, ni las memorias de Costa Méndez, que las oculta, pero que vale la pena referirlas aunque el artículo se amplíe. Como hemos dicho el Memorándum fue conversado para ser firmado cuando las cancillerías lo tuvieran estudiado. Pasó que en Inglaterra el asunto trascendió, fue filtrado a la prensa y entonces los comunes, el periodismo y la Compañía que gestionaba los intereses de las islas iniciaron una campaña muy fuerte en contra del Memorándum de modo que el Secretario de Estado británico se echó atrás manifestándole al embajador argentino en Londres “Lamentablemente la respuesta llega muy tarde” ¿Tarde? ¿Qué había pasado.? Juan Archibaldo Lanús, en su excelente libro ya citado, dice “la historia no es clara del lado argentino. La Cancillería tomó conocimiento del memorándum en el mes de agosto de 1968. El canciller Costa Méndez logró instruir a la Embajada de Londres la aceptación de la Argentina. Ya era el mes de diciembre”[5] El autor no tiene una explicación sobre lo que retrasó la respuesta. Pensar que el golpe de 1966 fue antecedido por una suelta de tortugas en la Plaza de Mayo para anatematizar al Presidente Illia por su parsimonia y lentitud.
Y de aquí ya no se avanzó más, puesto que Inglaterra incorporaba un tercero en discordia, a los habitantes de las Islas que no eran nativos sino población trasplantada. Era una artimaña creada por los intereses comerciales de la Compañía Comercial isleña de la cual el Parlamento y la Cancillería Británica se hicieron voceros. Sin embargo, en este punto hubo serias contradicciones en el gobierno inglés que enloquecía cualquier negociación. Y no siempre en el afán de empiojar las mismas sino producto de la ineficacia. Un ejemplo. “En 1977 se convinieron bases de actuación con la Argentina. Se ha acordado realizar negociaciones a partir de junio o julio de 1977. Uno de los principales objetivos de la negociación será lograr un futuro estable, próspero y políticamente duradero para las Islas, cuyo pueblo será consultado por el Gobierno del Reino durante el transcurso de las negociaciones” (Franks) Es decir los isleños no estarían en la mesa de negociaciones que sería bipartida, Inglaterra hablaría por los isleños. Estas idas y venidas posiblemente hablara de la poca importancia que la Cancillería británica le daba al problema.
Independientemente de las dificultades que el Reino Unido planteaba para llegar a un acuerdo razonable, se establecieron Acuerdos de Comunicaciones en 1970, dice Franks; “el más importante fue el establecimiento de servicios aéreos y marítimos entre las islas y la Argentina que serían provistos por la Argentina y Reino Unido respectivamente. Otros asuntos fue el suministro por parte de la Argentina de un documento de viaje, la tarjeta blanca que garantizaría la libertad de movimiento a los residentes de las islas dentro de la Argentina y serviría como único documento necesario para los residentes argentinos que viajaran a las islas.” Un acuerdo que por un lado solucionaba el problema de abastecimiento a las islas al poder viajar al continente, y por otro desaparecía el pasaporte para los argentinos que quisieran entrar en Malvinas. Ciertamente la tarjeta blanca al no revestir carácter de pasaporte refiere que no se está pasando de un país a otro.
Las idas y vueltas sin llegar a nada, esto es la soberanía, fue lo que buscaba Inglaterra y lo explica Lord Franks claramente: “el gobierno británico trató de que no se efectuaran negociaciones sobre el tema.”
En 1973 se logra que Naciones Unidas expida una nueva Resolución la 3160 por la cual exige a las partes que aceleren las negociaciones. De pronto en estas negociaciones aparece la idea de condominio.
Dice Franks: “Hacia fines de 1973 se pensó que la actitud argentina se estaba endureciendo, y por vez primera había señales de que el gobierno Argentino del Presidente Perón podría estar preparando planes de contingencia para la ocupación de las islas.” Según ha dejado escrito Oscar Camilion algo pasó. “Cuando al presidente Perón le propusieron la posibilidad de la operación Malvinas, Perón le contestó al Jefe de la Armada (Massera) en términos muy característicos de su personalidad, algo así como: Pero no Almirante, al día siguiente nos sacarían por teléfono” [6] La inteligencia británica conocía hasta los pequeños detalles de palacio.
De modo que en enero de 1974 el Gobernador de las Malvinas y el Embajador británico en el país ofrecen a nuestro país el condominio, naturalmente para bajar la espuma. El Presidente Perón considera aceptable la propuesta, incluso, admite dejar para más adelante la discusión sobre la soberanía. (Franks) Pero a los pocos meses todo volvió a fojas cero, aquí el informe Franks asegura que se debió al cambio de gobierno en Gran Bretaña: ganaron los laboristas. ¡Que ironía! Costa Méndez en su libro sobre Malvinas deposita grandes esperanzas en los laboristas. “El laborismo formado en la ética fabiana, en el rechazo a los nacionalismos y en la condena del colonialismo y del imperialismo. Pacifistas doctrinarios” [7] No se puede creer tamaña ignorancia. Que un canciller de un gobierno militar que combatía a la izquierda tuviera esta opinión de la izquierda británica es desesperante. ¡Que fiasco! Y por otro lado el Laborismo británico copado aun por la izquierda, (habría que esperar a Tony Blair para que el laborismo perdiera el tufillo marxistoide) no dejaba de atacar a la Junta Militar por la violación de los Derechos Humanos. Tan disparatado es todo que el Presidente socialista de Francia, Francois Mitterrand “envió a América Central y a México a Regis Debray, antiguo compañero de guerrilla del Che Guevara y teórico de la guerra revolucionaria, para explicar a las izquierdas locales las razones de su adhesión al colonialismo inglés” [8] Un despropósito detrás del otro.
Dice Franks en su informe que por boca de un laborista el tema Malvinas quedó cerrado: “Sea cual fuere el partido que ejerza el gobierno nunca será mayoría suficiente para entregar las islas a la Argentina” Si Galtieri no previó la OTAN, Costa Méndez no previó al laborismo
Cuando ocurrió la primera invasión inglesa, en 1806, sucedió algo parecido, los políticos británicos de la época no guardaban la misma opinión respecto de sus conquistas internacionales. Al llegar al Río de la Plata el general en jefe del desembarco, Willian Carr Beresford, sostenía la idea de alentar la independencia del Virreinato del Rio de la Plata y apoyarse en el minúsculo sector criollo que pugnaba por ella. De alguna manera Beresford compartía la mirada que tenían los tories, conservadores británicos. Por el contrario Pophan, jefe de la Escuadra Naval, se orientaba hacia los whigs que ambicionaban capturarnos como colonia. Los liberales pugnaban por someternos y los conservadores por liberarnos. Esto hizo que algunos criollos se acercaran a Beresford. Fue una minoría, entre los cuales estaba Liniers, que al advertir que el objetivo era la ocupación retrocedieron apresuradamente al descubrir que la fracción de Pophan junto a Pack y Craufurd, triunfaban sobre Beresford. [9]
En marzo de 1975 el Embajador británico en Buenos Aires le advirtió al Canciller Vignes que si hubiera una ataque a las islas, la Argentina recibiría una respuesta militar. (Franks) De todos modos como dice el mismo informe “que no era probable una acción militar, por lo menos mientras la Argentina creyera que el gobierno británico seguía dispuesto a negociar la soberanía.” De modo que la política británica consistió en engañar y dejar pasar el tiempo. Franks al estudiar e investigar los años anteriores a la guerra percibe con claridad la posibilidad que ella ocurriera. De modo que el 2 de abril de 1982 no fue una acción disparatada estaba en la lógica de los acontecimientos e Inglaterra jugaba al borde del precipicio.
MISION LORD SHAKLETON
En 1975 la situación política con Gran Bretaña ingresó en un cono de extrema peligrosidad. Inglaterra autorizó una expedición, supuestamente científica, a las islas y al mar adyacente, la misión Shakleton, por el nombre del barco. Al frente de ella estaba un lord del mismo apellido. Venía con una serie de técnicos e inversionistas para auscultar el potencial económico de las islas y el mar circundante. El asunto había sido conversado pero la Argentina no lo había autorizado. El Canciller argentino Arauz Castex al comprender que la expedición se haría aun sin la autorización de nuestro país propuso que la expedición fuera binacional pero Inglaterra puso tantos reparos que finalmente la propuesta de Castex fracasó. La misión Shakleton embarró aún más lo actuado hasta el momento. En la oportunidad declaró Arauz Castex: “Si el gobierno británico se negaba a reanudar las negociaciones nos movíamos rápidamente hacia un choque de frente y al final podía ver un solo camino abierto para la Argentina sin tener en cuenta que gobierno estuviera en el poder” (Franks) Dos observaciones: la guerra nuevamente como posibilidad, en este caso con un gobierno democrático, y segundo, el Canciller sospechaba que su gobierno no duraría mucho más, pero que de todas maneras al ser Malvinas un tema nacional sería afín a cualquier otro gobierno. Es que la situación en enero de 1976 estaba jugada. Hasta la fecha del golpe se conocía. El informe Franks está al tanto de reuniones secretas de los comandantes de las Fuerzas Armadas donde han hablado de tres meses de tiempo otorgado al gobierno de Isabel Perón; si las cosas no se ordenaban, se procedería a desplazarla. De modo que cuando la nave Shakleton (llevaba el nombre del padre del Lord que comandaba la expedición) ingresó a aguas territoriales argentinas, el 4 de febrero de 1976, un buque de la Marina de Guerra, ARA Almirante Storni, comandada por el capitán de Fragata Ramón Arosa, informa la presencia del navío británico a su superior vicealmirante Luis Mendía, comandante de operaciones navales con asiento en Usuhaia, quien ordena efectuar un disparo a proa del Shakleton. Al no detenerse, Mendía ordena hundirlo. Los mandos del Shaklenton informan que llevan civiles y explosivos. Quien hasta el momento había avalado los hechos era el jefe de la Armada almirante Massera pero el paso siguiente, esto es hundirlo Massera lo consultó con la Presidente Isabel Perón y convinieron en dejarlo marchar.
El informe asegura que la decisión de disparar a la nave británica fue tomada por Massera independientemente del gobierno nacional, fue así hasta el momento que se resolvió hundirlo que como hemos visto la Presidente se negó. De todos modos la inteligencia británica tenía en claro lo esencial: “Los comandantes del ejército y de la marina se oponían a cualquier acción que ayudara a mantenerse en el poder a la Señora de Perón” (Franks) La inteligencia británica tenía claro que mientras durase el gobierno constitucional no habría ataque sobre las islas. De todos modos habíamos llegado al límite, lo que le hace decir a Lanús: “Este hecho el primer acto bélico entre la Argentina y el Reino Unido que ocurría desde el bloqueo anglo-francés del siglo pasado. Presagio, símbolo o advertencia de que el pueblo argentino no podía seguir aceptando impasiblemente, dilaciones o provocaciones que ya constituían ultrajes a sus aspiraciones más profundas.” [10] La decisión de Massera de hacer y deshacer respecto de una nave británica independientemente del Gobierno Nacional era la medida de la crisis en la cual el país estaba sumergido desde la muerte del General Perón en julio de 1974, agravándose en diciembre de 1975 con el levantamiento de la Fuerza Aérea. Pero también el ataque a la Shakleton era un giro de ciento ochenta grados de la Marina argentina siempre tan pro británica. Con la llegada de Massera, elevado a ese cargo por el general Perón, la marina viraba hacia un anti britanismo manifiesto con tres exponentes muy claros, Massera, Lambruschini y fundamentalmente Anaya quien fuera por varios años muy allegado al almirante Rojas.[11] El informe Franks lo sabe. Podríamos asegurar en base a este informe que fue la Marina a través de su comandante Massera quien dio una primera muestra de ocupación del territorio de las islas en diciembre de 1976 cuando “un grupo militar argentino en Thule del Sur, una de las islas Sandwich con la aprobación del Jefe de la Armada (Massera) había desembarcado con el propósito de establecer una estación de investigación científica”. Inglaterra protestó manifestando una violación a la soberanía británica expresando la esperanza de que se diera fin al programa científico” (Franks). Quizás lo importante de todo esto fue que Inglaterra no lo dio a conocer hasta pasado un año y lo dejó continuar como diciendo no pasa nada. “En 1976 habían establecido (los argentinos) una presencia militar, que mantuvieron posteriormente, en Thule del Sur, presencia que el gobierno laborista nada hizo por eliminar y que los ministros ni tan siquiera pusieron en conocimiento de la Cámara de los Comunes hasta 1978.”[12] Mientras los servicios de inteligencia británicos hablan de una estación científica, Thatcher habla de un establecimiento militar. Como fuere, no nos desalojaron. Por eso hay cosas que no se entienden de un lado y del otro del conflicto. El Canciller Costa Méndez no dice nada sobre este asunto en su libro, asunto grave, porque Inglaterra habló de violación de la soberanía nacional y la dejó correr y nuestro Canciller dice: “A lo largo de ese año como para entretener a los argentinos la representación del Reino Unido intentó promover un acuerdo de colaboración científica que incluyera sobre todo a las islas Georgias y Sandwich. No pudo ser formalizado debido a la oposición de los habitantes de las islas. El gobierno británico no se atrevió a enfrentarlos.” [13] Para Inglaterra hubo ocupación para el Canciller acuerdo para entretenernos. Es todo muy raro.
Un caso también extraño es el del Almirante Anaya: agregado naval en Inglaterra, vivió en el mismo edificio donde habitaba Margaret Thatcher. Gran parte de su carrera naval transitó como subordinado del almirante Isaac Rojas, un marino clásico de nuestra fuerza naval con marcadas características pro británicas y consecuente anti peronista. En 1976 esta orientación política era decisiva. Anaya sucedió a Lambruschini, alter ego de Massera, quien modificó esa atmósfera introduciendo en el arma cierto sesgo anti británico que Anaya continuó, quizás por su condición de hijo de un cónsul boliviano en Bahía Blanca. Y no como algunos observan por su admiración por De Gaulle a propósito de un curso que realizó en París cuya tesis versó sobre Malvinas. ¿Y qué tiene que ver esto? Naturalmente es una hipótesis, pero, si en la Junta Militar de 1982 había algún Jefe marcadamente anti británico, ese era Anaya y no por antiimperialista sino por haber sido Inglaterra la responsable de que Bolivia perdiera la Guerra del Pacífico y la salida al mar destruyendo el arma naval boliviana. Condiciones que explican también su brutal anti chilenismo. Llegado a este punto conviene ampliar la idea aunque nos adelantemos a los hechos. Cuando ocurrió lo de Davidoff, esto es, el empresario que compró y desarmó las balleneras en las Georgias del Sur; la actividad era privada pero tanto Inglaterra como la Argentina debían estar enteradas y autorizar. Inglaterra lo hizo y la Marina Argentina aprovechó la volada y ofreció su apoyo naval. Davidoff hizo un primer viaje de reconocimiento en el almirante Irizar. Las autoridades de la islas elevaron una queja a Inglaterra porque por segunda vez se había violado la soberanía británica. La Cancillería británica “aconsejó al Gobernador para que no iniciara un procedimiento con lo que se corría el riesgo de provocar un incidente sumamente grave” (Franks) Como con Thule se dejó pasar la intromisión, en este caso con la presentación de una protesta formal por parte de Inglaterra que el 18 de febrero de 1982 la Cancillería rechazó.
El 20 de marzo el gobernador de las Islas comunica que se había avistado a un barco de la Marina Argentina, Bahia Buen Suceso, en puerto Leith desembarcar a unos 50 hombres y flamear la bandera argentina. Eran los trabajadores de Davidoff dispuestos a desarmar las balleneras. Entre ellos había militares. El Gobierno británico intima al gobierno argentino a retirarse de esa zona, negando que Davidoff estuviese autorizado. Al día siguiente la bandera fue arriada. Al otro día el Bahía Buen Suceso partió dejando a diez hombres en Leith. En paralelo la oficina de LADE en Malvinas fue atacada. El clima iba subiendo. De todos modos la Argentina ya había tomado la decisión de ocupar Malvinas, el 2 de marzo el General Benjamín Menendez fue informado por Galtieri que sería gobernador de Malvinas de modo que todas estas idas y vueltas entran en la previa de la decisión tomada. El informe Rattembach asegura que el 12 de enero de 1982 la Junta planificó la eventualidad de una acción militar sobre las islas y al mes siguiente, febrero, Galtieri le informó al Canciller Costa Méndez acerca de la ocupación. Tampoco ellos se quedaron atrás. Todo partió de una imprudencia de Nicanor Costa Méndez. Entre los tires y aflojes de las negociaciones acerca de si los trabajadores balleneros en Leith debían marcharse como lo exigía Inglaterra, para evitarlo no tuvo mejor idea el Canciller que sugerirle al Embajador Británico la posibilidad de que “el señor Davidoff ordenara a sus hombres que completaran las formalidades de desembarco necesarias haciendo sellar sus cartas blanca” (Franks) ya hemos hablado de las cartas blancas. Imprudentemente Costa Méndez le ofreció a Inglaterra una idea que potenciaron sideralmente. El Embajador lo consultaría. Nicanor Costa Méndez sabe que ha metido la pata por eso en sus memorias dice: “No tenía autorización para formular esta proposición tan concreta; sabía que debía obtener conformidad del Comité Militar para llevarla adelante. Había sido autorizado para continuar las tratativas, pero se me había indicado que no debería ceder más; que ese era el límite” [14] Inmediatamente el Embajador le transmitió las órdenes de Lord Carrington, Canciller Británico, decisivas y definitivas, conversadas con Thatcher: se consideraría la presencia de los argentinos siempre que aceptaran el visado de sus pasaportes. Dijo años después Anaya: “Lord Carrington le dijo a Costa Méndez que debíamos aceptar que le firmaran los pasaportes a la gente de Davidoff si accedíamos, estábamos reconociendo de jure que las Georgias eran británicas. Y como la resolución de las Naciones Unidas habla de “Malvinas, Georgias y Sandwich”, ¡patapúfete!, también perdíamos las otras islas. En ese momento, dije: “No hay más remedio” [15] ¿Porque he desarrollado acá el final de mi nota que es el inicio de la guerra que está mucho más adelante? Porque el asunto fue muy parecido, casi igual, al comienzo de la Guerra del Pacífico, entre Chile, Perú y Bolivia asociados. Vale la pena recordarlo. Porque estoy convencido que Anaya tenía este conflicto en su cabeza. Su animadversión hacia Inglaterra y Chile nace en su historia familiar. En 1878 Chile no había definido con claridad sus límites con Bolivia. Por el norte Chile alcanzaba lo que es hoy la provincia de Catamarca, y Bolivia, sin demarcar, desde ahí hasta el norte limitando con Perú, contaba con su salida al mar. La guerra comienza porque empresas bolivianas ingresan en territorio que Chile asegura le pertenece, para explotar la riqueza guanera. Chile envía, entonces, funcionarios fiscales para recaudar los impuestos que le corresponden al fisco chileno por la explotación del guano en tierras suyas. Los empresarios consultan con el gobierno Boliviano y este desautoriza el pago, por la misma razón que Anaya se negó a que los pasaportes de los argentinos fueran sellados por los ingleses. Es que si las empresas pagaban los impuestos estaban reconociendo la soberanía chilena sobre territorio en disputa. Comenzó la guerra. Adicionamos que Chile contó con el apoyo británico porque explotaban en conjunto la riqueza guanera.
[1] Nicanor Costa Méndez: Malvinas. Esta es la Historia. Ed. Sudamericana. Bs. As. 1993. P. 36
[2] Nicanor Costa Méndez: Ob. Cit. P 45
[3] Carlos Busser: Malvinas. La Guerra Inconclusa. Ed. Fernández Reguera. Bs. As. 1987. P. 17
[4] Juan Archivaldo Lanús: De Chapultepec al Beagle. De. Emece. Bs. As. 1984. P. 475
[5] Juan Archibaldo Lanús: Ob. Cit. P. 475
[6] Camilión, Oscar: Memorias políticas. De Frondizi a Menem. Ed. Planeta Bs. As. 1999. P. 253
[7] Costa Méndez, Nicanor: Malvinas, esta es la historia. Ed. Sudamericana. Bs. As. 1993. P. 55.
[8] Sidicaro, Ricardo: La Política mirada desde arriba. Las ideas del diario La Nación 1909-1989. Ed. Sudamericana. Bs As. 1993. P. 458.
[9] Claudio Chaves: Los Orígenes de la Patria y sus mujeres. Ed. Banco Provincia. Bs. As. 2011
[10] Juan Archibaldo Lanús: Ob. Cit. P. 484
[11] González Crespo, Jorge: Memorias del almirante Isaac F. Rojas. Bs. As. 1993. Ed. Planeta. P. 229
[12] Thatcher, Margaret: Los años de Downing Street. Ed. Sudamericana. Bs. As. 1994. P. 174
[13] Costa Méndez, Nicanor: Ob. Cita P. 58
[14] Costa Mendez, Nicanor: Ob. Cit. P. 148
[15] Anaya, Jorge: Entrevista realizada por Abel Escudero Zadrayec. La Nueva Provincia. Bahía Blanca. 2001.
