Por Alexander Dugin | 20/09/2026
El imperio que una vez impuso su modelo a otros ahora se enfrenta a preguntas sobre su propio patrimonio y futuro.
«El Imperio británico no trajo a la humanidad más que maldad. En esencia, deben pagar por su dominio perverso sobre el mundo. Es una historia terrible la del imperialismo británico, plagada de genocidios, violencia, injusticia, vileza y mentiras. Y, en general, surge el deseo de que Gran Bretaña no exista. Se trata, a grandes rasgos, de un sentimiento natural para una parte considerable de la humanidad.
Pero somos personas humanas; si pensamos en aquella vieja y buena Inglaterra que existió mucho antes de la época victoriana —la Inglaterra del rey Arturo, esa vieja Inglaterra romántica—, es cierto que también tenía sus problemas, pero poseía estilo, espíritu y cultura. Poco a poco, este territorio pequeño, compacto y —por cierto— geográficamente diminuto se convirtió casi en un modelo para toda la humanidad.
Como resultado, la propia Inglaterra perdió su atmósfera y su encanto, transformándose en un modelo falso, repulsivo e impuesto a escala mundial que, a mi parecer, perjudica a todos. Por ello, creo que lo más adecuado sería convertir a Inglaterra en un museo —quizás liberándola de todos esos añadidos y excrecencias superfluos, tal vez poniéndola bajo administración externa— para que así ya no pudiera elegir a ningún sinvergüenza.»
