Belgrano, el Ejército del Norte y la Virgen de la Merced

Por Claudio Chaves | 28/06/2026

Cuatro días después de su establecimiento, la Junta de Mayo creó,  el 29,  dos fuerzas militares con el objetivo de llevar al interior las novedades ocurridas en la capital del Virreinato. ¿Qué había pasado en  Buenos Aires, pues? Una movida política que echó por tierra la potestad del Virrey  Cisneros. El  Cabildo abierto el día 22  que se había arrogado la  representación del conjunto jurisdiccional virreinal,  lo echó.  

Para la reunión del Cabildo abierto   se extendieron 457 invitaciones, a los vecinos más destacados de la ciudad que según Mariano Moreno contaba con sesenta mil habitantes, de una provincia de  cien mil y  de un Virreinato que tenía un millón y medio de almas.  Cuatro cientos cincuenta y siete individuos iban decir el destino de millones. Pero fue peor que eso porque solo asistieron 251. Quizás este espíritu elitista de la jornada determinó los colores y los sonidos de sus principales actores.  Fue el caso del Doctor Juan José Castelli de quien vamos a hablar.

Nombrado al frente del Ejército del Norte no dejó de cometer todo tipo de tropelías. Decía Juan Bautista Alberdi de él: “Iba el doctor Castelli como representante político del gobierno provisorio. Penetró con pequeña resistencia y tomó posesión de las cuatro provincias, hasta el Desaguadero. Allí fue derrotado en Huaqui. El insuceso fue debido al odio despertado en esos pueblos por la mala conducta de los libertadores. Castelli, Argerich, el médico, y otros se dieron a escándalos contra la religión  y el culto; los más se dieron al juego y a la disolución: despreciaron a los cholos, que fueron sublevados por los curas contra los herejes engrosando las filas del ejército realista. De ahí es que Belgrano, en la última expedición, hizo llevar escapularios y rosarios a sus soldados y ostentó un respeto exagerado a la religión. Ya era tarde el pueblo se había puesto contras ellos.” (Grandes y Pequeños hombres del Plata)

Ciertamente los curas del Alto Perú se pusieron en contra del llamado Ejército Libertador. No les quedaba otro camino.  Es que estos señoritos de Buenos Aires exponían  de manera descarnada la altanería porteña que tanto daño ocasionó a la Patria hasta la llegada del general Roca a la presidencia. Pero no solo fue eso, imbuidos del anticlericalismo propio de los jacobinos franceses atacaron a la Iglesia por razones ideológicas tan firmes en el liberalismo iluminista que profesaban: “Cuando se retiraba el ejército derrotado en el Desaguadero, se detuvo Castelli unos días en Chuquisaca, y sus ayudantes, acompañados por otros oficiales locos, pasando una noche por una iglesia vieron una cruz en el pórtico, a la que los devotos ponían luces; alguno de ellos clamó contra la ignorancia y fanatismo de aquellos pueblos, y otro propuso, para ilustrarlos, arrancar la cruz y destruirla; así lo hicieron, arrastrándola un trecho por la calle” (José María Paz. Memorias. T. 1) El supuesto unitario Paz tan descalificado por la historiografía revisionista, por liberal antipopular,  en el mismo párrafo aseguraba: “Éste era un caso de inquisición.”    

Pero si el lector cree que estos disparates se agotaron en el ataque a la religión, piensa mal: “La Junta de Charcas informaba a la de Buenos Aires que los soldados porteños habían llevado a efecto imponderables excesos con toda clase de gente, y, en especial modo, con los indios, saqueando sus casas, arrebatando sus bienes, sus ganados, sus comestibles, sus ropas, dejando a los pueblos y caminos talados hasta el termino de hacer odioso aun el nombre de soldado” (Julio Cesar Chaves. Castelli)

LA LUCIDEZ DE BELGRANO

Una anécdota  explica la lucides de Belgrano y la bonhomía de un hombre de bien al entender la idiosincrasia de los pueblos humildes.  

En Potosí ocurrió un hecho emparentado con la soberbia narrada hasta el momento. Un oficial porteño maltratado de palabra en la vía pública  por un grupo de potosinos,  sacó su puñal y los atacó como un lunático, esta locura desencadenó un levantamiento del pueblo que persiguió a los soldados por toda la ciudad, dos días duraron los desmanes con muertos y heridos. ¿Cuándo se detuvo la furia popular? Cuando un sacerdote del templo de Santo Domingo avanzó con la imagen de la  Virgen del Rosario.  Ante la procesión religiosa y su imponente designio el pueblo acalló su odio. ¡Que notable!  los porteños sobrevivieron gracias a la religiosidad popular y el amor a la virgen que ellos mismos descalificaban como fanatismo ultramontano.

LA VIRGEN DE LA MERCED

Siendo Belgrano jefe del Ejército del Norte tal como lo narró Juan Bautista Alberdi, luego del triunfo de la batalla de Tucumán el 24 de setiembre día de Nuestra Señora de las Mercedes la proclamó generala del Ejército. Tres razones fundamentales. Belgrano era un ferviente creyente, no obstante su liberalismo, o por él. No lo desarrollaremos. Segunda, los españoles no cejaban en identificarnos con el mal, por la conducta anticlerical de la tropa porteña. Tercero, la Virgen de la Merced era patrona del ejército real del Peru. Al hacerla nuestra patrona, los indígenas  y los soldados españoles comenzaron a observarnos con otros ojos. Las batallas de Belgrano fueron  por el cielo y la tierra.  Esto produjo miles de efectos positivos. Aquí va uno. En víspera de Vilcapugio, Belgrano, recompuesta nuestra relación con la Iglesia logró “los buenos oficios de un sacerdote para que lograra que los indios cargaran al hombro municiones, las cureñas y piezas de calibre” (O. Gimenez. Manuel Belgrano). La soberbia, la altanería y la procacidad de un liberalismo iluminista es mala consejera para ganarse el alma de los pueblos. El general Belgrano lo comprendió rápidamente.