Un nuevo desafío

Por Miguel Ángel Iribarne | 19/10/2025

Hace tiempo que venimos insistiendo en que uno de los ragos definitorios del nuevo ordenamiento global ha de ser la recontinentalización del poder norteamericano, es decir su repliegue sobre lo que ellos gustan denominar “el Hemisferio Occidental”. En esa línea se han inscripto las intenciones proclamadas desde los primeros días de la segunda Presidencia Trump sobre Groenlandia y Canadá, así como la notable proyección de poder en el Caribe que hoy culmina en las costas de Venezuela. Se trata, es claro, de una reedición –doscientos años más tarde- de la célebre Doctrina Monroe, a través de la cual los EEUU buscan frenar su anunciado declive apoyándose en el “retroterra geopolítico” del continente americano y en la prodigalidad de recursos estratégicos excluyendo a sus principales competidores del acceso a los  mismos.

Ha sucedido, claro, que esta tendencia de fondo de la gran política de Washington coincida con un momento de extraordinaria fragilidad de la Argentina. Un momento en que sus gobernantes, autodefinidos como “anarcocapitalistas” –sea ello lo que fuere- han tenido que salir a buscar un Estado que salvara su moneda de un final catastrófico. El hambre y las ganas de comer: la conducta, entre tilinga y mendicante,  del Presidente y su equipo económico ha coincidido con los objetivos estratégicos del la administración Trump y de ello pueden salir tanto un alivio que dure semanas como un alineamiento internacional perdurable, al modo del que vivió la Argentina con Gran Bretaña.

Esta última posibilidad resulta más ardua dado el carácter competitivo y no complementario de las economías argentina y estadounidense. En cualquier caso, la crux de la dirigencia argentina –no sólo de la Clase Política- consistirá inexorablemente en intentar diseñar y gestionar esta nueva alianza sin que implique una mayor “jibarización”  de   nuestro sistema productivo sino la apertura de oportunidades renovadas para el empleo de nuestros compatriotas.

Ante esta perspectiva las elecciones no resultan, per se definitorias, Buenas y malas razones se entrecruzan en el voto y, si bien hay resultados eventuales que pueden precalificarse como negativos, no hay ninguno que garantice una salida  constructiva de la situación presente. El día 27 habrá que recomenzar la construcción de una Derecha Popular y Reformadora, sin agresividad ni extravagancia, tarea respecto de la cual bastante de lo ocurrido en estos dos años aparece como un camino extraviado.-