Primeras impresiones de “Magnifica Humanitas”

Por Hugo Patricio Pierri | 14/06/2026

Oportuna y precisa intervención del Papa León XIV a través de su reciente Encíclica. Hábilmente Su Santidad aprovecha para recordar los principios de la Doctrina Social de la Iglesia conmemorando la “Rerum Novarum” de León XIII, considerada el punto de partida de esa doctrina al menos como un mensaje ordenado. Un mensaje no pocas veces distorsionado y muchas veces incomprendido.

Pero sin duda lo nuevo está en poner en evidencia el impacto de la inteligencia artificial, con sus luces – no ocultadas – y sus sombras subrayadas como advertencia; en mi opinión logra mantener un equilibrio entre ambas perspectivas.

La apelación al valor de lo que nos distingue (o debería) a los humanos de las máquinas se manifiesta en que “[…] las denominadas inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad. Tampoco tienen una conciencia moral: no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni asumen el peso de las consecuencias. Pueden imitar lenguajes, comportamientos, valoraciones; pueden simular empatía o comprensión, pero no conocen lo que producen, porque no residen en el horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que el ser humano se vuelve sabio. Incluso cuando dichos instrumentos se presentan como capaces de “aprenderˮ, lo hacen de modo diferente al de la persona humana. No es la experiencia de quien se deja modelar por la vida y crece en el tiempo por medio de decisiones, errores, perdón y fidelidad; es más bien una adaptación estadística a partir de datos y retroalimentaciones, que puede ser muy eficaz, pero no implica un crecimiento interior.” [99]

Me interesa particularmente la alusión a dos aspectos, por cierto de valor estratégico, sobre los que vengo trabajando (y para los que tal vez llegue tarde para hacer algún aporte útil): la desinformación y el camino a la mutación del concepto de responsabilidad.

Acerca de lo primero, rescato:

“[…] puede haber también un engaño menos evidente, cuando los sistemas de IA, presentándose como neutrales y objetivos, reflejan y refuerzan estereotipos o posiciones ideológicas de quienes los han diseñado y programado.” [102]

“El uso de las plataformas digitales y los sistemas de IA acelera los profundos cambios en la comunicación pública y política. Herramientas que podrían favorecer el debate y la participación se utilizan a menudo para construir narrativas sesgadas y difuminar los límites entre lo verdadero y lo falso, mezclando datos y opiniones. La desinformación no surge con la IA, pero encuentra hoy en ella un potente multiplicador.” [132]

Respecto de la responsabilidad, me preocupa lo relacionado con el empleo de armas autónomas y el rol de los comandantes y responsables de cualquier nivel en el campo de combate (y su responsabilidad penal eventual conforme el derecho internacional). Me pregunto hasta qué punto (tengo una respuesta en elaboración) el funcionamiento de los algoritmos es conocido. Antes sabíamos dónde poner o no un proyectil de artillería; cuando derribar o no un avión y qué impacto podría tener tal o cual explosivo, del más sencillo al nuclear. Relaciono el documento con el tema, que al menos queda planteado, a través de:

“[…] No es suficiente invocar la ética de manera genérica: es necesario indicar criterios precisos de discernimiento. El primero se refiere a la responsabilidad personal. Cuando la decisión de atacar se automatiza o se vuelve opaca, aumenta el riesgo de que se pierda el sentido de la responsabilidad. Por eso, la cadena de responsabilidades debe seguir siendo identificable y verificable: quienes planifican, entrenan, autorizan y emplean deben poder rendir cuentas de sus decisiones.” [199] Asumo que en la planificación debemos incluir a quienes diseñan, fabrican y proveen.

El abordaje disruptivo del concepto de guerra justa será para una mayor profundización.

En síntesis un documento que no puede pasar desapercibido, con independencia de su índole religiosa.