Malvinizar las conciencias es dignificar nuestra historia

Cuarto de cinco artículos de Claudio Chaves en una serie de notas sobre la identidad y la conciencia nacional respecto de Malvinas.

Por Claudio Chaves | 14/06/2026

LAS CAUSAS INMEDIATAS DE LA GUERRA

La idea de recuperar las Malvinas siempre fue un anhelo de la Fuerza Naval Argentina. Todo buen   marino, que se precie de tal, ha soñado alguna vez  formar parte de ese pelotón  heroico y de esa aventura patriótica.   Desde el Almirante Storni, pro británico si los hubo,   hasta nuestros días, su recuperación fue una estrella guía para la Marina Nacional.  De pensarlo y sentirlo,  a realizarlo hay una distancia sideral. De modo que partiremos de la ocupación de Thule del Sur promovidas como hemos dicho por Massera, luego el memorándum que el contraalmirante Anaya elevó a su superior, Massera en el año 1977, pero más allá de alguna fecha exacta, justa, precisa, que las hay, según el autor que uno aborde, existe por encima de ellas dos movimientos políticos que sobrevuelan el acontecimiento malvinero y en definitiva lo dirigen. El arribo  a la Jefatura Naval de Emilio Eduardo Massera por decisión del general Perón y el desplazamiento de Viola por Galtieri. Estos dos acontecimientos provocaron un giro cultural y político que determinaron los hechos que estamos desarrollando.

MASSERA

Para que Massera llegara a la jefatura naval Perón tuvo que desplazar a catorce contraalmirantes y vicealmirantes. Tata Yofre habla solo de ocho. (nota en Infobae)  Lo dicho ocurrió en diciembre  de 1973, a los dos meses de asumir la tercera Presidencia. De movida advierto que  no comulgo con las ideas vertidas por distintos autores acerca de la importancia de la Logia P 2 en torno a Perón y su gobierno, capaz de dirigir u orientar la acción política del General.  Estas miradas misteriosas y cavernosas de la historia no forman parte de mi heurística. Perón entendió que debía girar la cultura marinera y encontró un hombre, Massera, más cercano a sus ideas y estilo político. En un artículo publicado en Infobae, Tata Yofre afirma que Massera fue llevado a Puerta de Hierro por Lorenzo Miguel a instancias de José Rucci, al parecer antes del triunfo camporista del 25 de mayo de 1973. Oscar Camilion en sus Memorias pone el ojo en el pensamiento de Massera inclinado a un nacionalismo territorial.  Ya hemos desarrollado la respuesta de Perón a Massera sobre la factible ocupación de Malvinas. Esta conversación debió haber ocurrido si nos atenemos al informe Franks, siempre tan bien informado de nuestra intimidad política. Ya lo hemos citado más arriba pero vale repetirlo: “Hacia fines de 1973 se pensó que la actitud argentina se estaba endureciendo, y por vez primera había señales de que el gobierno argentino del presidente Perón podría estar preparando planes de contingencia para la ocupación de las Islas.” (32)

Recordemos que en febrero de 1976 por orden de Massera se disparó a la nave británica Shackleton. En diciembre de ese año la ocupación de Thule. De modo que fue Massera quien apartó a la Marina de la senda del Almirante Rojas acercándola al peronismo y también al anti britanismo.

LAS VUELTAS DE LA HISTORIA

El almirante Rojas no emitió opinión al momento de la guerra,  ni tampoco después. En sus Memorias, “Conversaciones con Jorge González Crespo”, nada dice al respecto. Lo único que se conoce es que pidió que sus cenizas fueran arrojadas al mar en el punto exacto del hundimiento del General Belgrano que en la época de Perón se llamaba 17 de Octubre  y  fue la nave insignia de la Revolución de 1955. Rojas le cambió el nombre por el de  General Belgrano.  De modo que desconocemos sus intenciones. ¿Se trató de acompañar a nuestros  marinos ahogados en el Atlántico Sur por la insidia británica? ¿O consistió en refugiarse en el fondo del mar   con el crucero que comandó en 1955 para derrocar a Perón? Hasta el momento no lo sabemos. Lo cierto es que no hay opinión de él sobre la guerra, máxime cuando el que la impulsó con más bríos fue su hombre de confianza de casi toda su vida profesional. “En todo esto (la Revolución de 1955) estaba al lado mío el teniente Jorge Isaac Anaya, desde ese entonces nunca se separó de mi lado” [1] ¡Al fin y al cabo la soberanía territorial es patrimonio de todos los argentinos! O así debería ser.

Como fuese, Perón al asumir su tercera presidencia promueve dos cambios en, Ejército y Marina, de gran trascendencia. En el primero, que no hace al interés de este escrito o si, fuerza el retiro del general Carcagno nombrando al general Leandro Anaya profesionalista de tradición familiar militar. Y en la fuerza Naval accede al mando superior como almirante, Emilio E.  Massera, con su llegada otra cultura impregna a los mandos, ya lo hemos dicho, especialmente a sus dos sucesores Lambruschini y luego Anaya. Hubiera sido impensable un ataque a Malvinas con mandos sesgados al britanismo del almirante Rojas. Anaya había caído bajo el influjo de Massera,   y por su condición de hijo de un Consul boliviano el anti britanismo se multiplicó.

SALE VIOLA ENTRE GALTIERI

Algunas cuestiones ya hemos observado sobre Galtieri detengámonos entonces en algunos aspectos. Galtieri estaba enrolado en los sectores militares duros  que despreciaban a la partidocracia tradicional: radicales y peronistas. Comandaba al Ejército cuando en marzo de 1981 accedió a la presidencia de la Nación el general Viola quien  emprendió un lento movimiento hacia los partidos tradicionales, incluso con ciertas palabras halagüeñas hacia Perón pronunciadas por su ministro del Interior general Liendo, algo impensado para aquellos hombres de armas. Lo hacía como ya lo hemos contado por presión de los Estados Unidos sobre el conjunto de Iberoamérica. Ante ese clima mundial  en 1981 se constituyó la Multipartidaria en evidente tándem con Viola que puso en marcha el MON (Movimiento de opinión Nacional). [2] El problema fue que la Multipartidaria contaba con partidos tradicionales que almacenaban  votos: radicales, el MID y peronistas, mientras el MON procuraba aupar a los conservadores provincianos como Horacio Guzman y su hija María Cristina, Ismael Amit, Antonio Romero Feris, Ricardo Balestra, Guillermo Belgrano Rawson, Guillermo Anzorena, Amadeo Frugoli, Celestino Gelsi, cooptando, en los posible,  radicales y peronistas sueltos.   Pero Viola no avanzaba, al parecer no lo entusiasmaba la masa crítica con la que contaba.    Era un gobierno plagado de contradicciones y con una conducción endeble, su Canciller, Oscar Camilión le propuso ampliar el abanico político e incorporar como Ministro de economía a Roberto Aleman, un hombre más cercano al liberalismo tradicional y Viola lo desechó  “Le tenía confianza a su Ministro Sigaut, pero sobre todo porque tenía una profunda desconfianza a la línea económica que representaba el establishment en la Argentina. Viola tenía un pensamiento, incluso en el sentido económico, más afín al pensamiento radical.” [3]  Luego Aleman sería nombrado Ministro por Galtieri al momento de desplazar a Viola.

El Ministro del Interior de Viola,  general Liendo,  había incorporado a su gabinete al doctor Cavallo que era por aquellos años el ariete de la Fundación Mediterránea. Había una masa política con cierta densidad,  ansiosa de subirse al poder. Pero algo salió mal.   Viola no tenía uñas de guitarrero y  Galtieri, como Comandante del Ejército, le salió al cruce el 29 de mayo de 1981.  En el día del Ejército afirmó: Estamos dialogando pero las urnas están guardadas. Y además que el Ejército no aceptará  regresar al populismo degradante. Vocero del Ejército de los sectores duros de la FF AA era por aquellos años el diario La Prensa y su periodista estrella Iglesias Rouco.  Galtieri tenía otros planes, que contemplaban la salida electoral, como lo exigía Estados Unidos, pero sin los partidos tradicionales y con él al frente. Retomando la dirección económica de los orígenes del Proceso.   Existen todo tipo de teorías acerca de porque Galtieri no contempló el respaldo norteamericano a Inglaterra. Seguramente muchas que no pueden ser desarrolladas en la presente nota, lo cierto es que el autor del presente artículo no  comparte,  aquellas muy difundidas por aquellos años y aún hoy se escuchan, que afirman que Galtieri fue inducido, en una reunión en los Estados Unidos a comienzos de noviembre de 1981,  a la toma de las Islas por el gobierno norteamericano a los efectos de hacerlo caer en la trampa de la ocupación; para ello  recibiríamos  apoyo norteamericano que por supuesto no ocurrió. Derrotados, las perderíamos para siempre, de ese modo EE.UU aliado de Inglaterra establecería una base militar  conjunta. Los trascendidos crecieron exponencialmente lo que obligó  a Thomas Enders, Subsecretario de Estado de Estados Unidos, en el mes de agosto de 1982  en el informe a la Cámara de Representantes,  a manifestar  que los EE.UU. nunca habían tenido, ni tenían entonces interés alguno en establecer una base militar de ningún tipo en las islas. (Rattembach. 72) Esto es, no alentaron a Galtieri ni apoyaron a Inglaterra para logra una base.

Ni el informe Franks muy enterado de todo ni el Informe Rattembach hace mención a esto ni siquiera tangencialmente.  Por el contrario el informe inglés cita un artículo de Iglesias Rouco en La Prensa donde escribía: “La toma directa de las Islas sería comprendida por los EE.UU. país al que se lo podría ofrecer la instalación de una base naval conjunta en las islas” (139) Como en todas la guerras las declaraciones cuentan,  Margaret Thatcher pasó por  momentos de incertidumbre al inicio del conflicto: “Envié un mensaje al Presidente  Reagan en el que instaba a EE.UU. en el sentido que tomaran medidas económicas efectivas. Sin embargo en aquel momento no estaban preparados para hacerlo. A las semanas habían interrumpido la venta de armamento. Sin embargo no estaban dispuestos a inclinarse demasiado en contra de Argentina, ya que hacerlo les restaría influencia en Buenos Aires. No querían que Galtieri cayera, y por tanto deseaban una solución que no lo hiciera caer mal parado. Había claros indicios que estaban considerando la posibilidad de una mediación entre ambas partes. Todo esto seguía una dirección esencialmente equivocada.” [4] En su libro la Dama de Hierro le atribuye a Caspar Weinberger, Ministro de Defensa el éxito de torcer la voluntad de los EE.UU. hacia Inglaterra. “Estados Unidos jamás tuvo un patriota más sabio, ni Gran Bretaña un amigo más leal”.

Volviendo al proyecto político de Galtieri-Anaya de construir una conjunción de aliados  con los partidos conservadores, en el reportaje a Anaya ya citado puede observarse el desdén y el desprecio del Almirante  hacia los partidos políticos tradicionales. Aunque estas declaraciones fueron realizadas veinte años después no dejan de ser indicativas de una forma política de entender la realidad del país:  “Amo a mi Argentina. Y creo que mi Argentina está ocupada por una manga de sinvergüenzas.” (2001) Ciertamente esta declaración fue realizada en el marco de una profunda crisis, pero puede retrotraerse a 1976.

Este giro del proceso por parte de Viola hacia la partidocracia tradicional  determinó que Anaya y Galtieri se dispusieran a apartarlo de poder y emprender  dos apuestas muy fuertes. El asado de Victorica, en febrero de 1982, con la derecha y centro derecha ya nombrada y la recuperación de las Malvinas. El informe Franks observa en el ascenso de Galtieri y su amistad con Anaya un recrudecimiento del conflicto y agrega: “El Embajador británico en Buenos Aires en ese momento informó que la Armada Argentina tradicionalmente la más dura en la cuestión Malvinas, estaba desempeñando un rol decisivo en el cambio de gobierno y que lo conservaría en la nueva Junta” (119)   En el reportaje a Anaya ya citado el Almirante dice: “El hombre de más carácter de los tres era yo.” El embajador no se equivocaba. Incluso el 3 de febrero de 1982 el citado embajador informó al Canciller que “todo indicaba que el almirante Anaya, probablemente con pleno acuerdo del Presidente Galtieri era quien manejaba con mano fuerte la posición argentina con respecto a las negociaciones con las Malvinas” (Franks)

En Victorica y en el marco del  gigantesco  asado Galtieri construiría su fuerza política  para la salida electoral planificada, luego del éxito de Malvinas. Lo que Viola no realizó, Galtieri lo intentaría.  El mismo día que Galtieri informaba a Menendez que sería gobernador de las Malvinas, 2 de marzo de 1982,  el Canciller Costa Méndez luego de una reunión en Nueva York del Embajador Ortiz de Rosas y Ros con representantes ingleses hizo pública una fuerte declaración que anticipaba lo que vendría, aunque aún no se conocía lo que la Junta había decidido

«La Argentina ha negociado con Gran Bretaña con paciencia, lealtad y buena fe, durante más de 15 años, en el marco señalado por las resoluciones pertinentes de la O.N.U., la resolución de la disputa de la soberanía sobre esas islas. El nuevo sistema constituye un paso eficaz para la pronta solución de esa disputa. Por lo demás, si eso no ocurriera, la Argentina mantiene el derecho de poner término al funcionamiento de ese mecanismo y de elegir libremente el procedimiento que mejor consulte a sus intereses”

Por eso no se entiende que desatada la Guerra la Junta Militar no aceptara la opción de detenerla  ante la propuesta del Presidente peruano Belaunde Terry cuando las cosas estaban parejas: hundimiento del general Belgrano y hundimiento del Sheffield. Galtieri preso de la Plaza de Mayo y de “le presentaremos batalla” dejó escapar la posibilidad de un acuerdo. Galtieri buscaba más. El Informe  Rattembach desdeñoso de las manifestaciones civiles observa este asunto: “El júbilo popular afectaba el discernimiento de los responsables.”   Su personalidad lo nubló. En reunión de generales les advirtió que haría política. “Como Presidente voy a hacer política. No me pidan que en esto me maneje por el reglamento. No se asusten señores generales, si me ven levantar un brazo o ambos al mismo tiempo.”  [5]. Estas palabras son interesantísimas cuando uno observa detenidamente a Galtieri el 2 de abril y el 10 del mismo mes  en el balcón tradicional de la Casa Rosada. Repasemos esas imágenes. Al aparecer en el balcón la ovación fue generalizada. Sin embargo, antes, se había mezclado entre la gente en la calle. Ya en el balcón Galtieri levantó suavemente su mano derecha con la palma hacia el público solicitando continuar hablando y el grito de  Argentina  retumbó ensordecedor . De pronto levantó las dos manos y la ovación estalló, guardaba inconfundiblemente reminiscencias de épocas pasadas. ¡A no asustarse! Había dicho. Galtieri sabía a que estaba jugando. La segunda movilización fue el 10 de abril. Allí se escuchó claramente el grito de Perón, Perón en las barbas de Galtieri que no se inmutó, levantando su mano derecha nuevamente para continuar hablando. En ese discurso pronunció una frase que para los mayores de edad o edad avanzada traía el recuerdo de tiempos aciagos y para las antiperonistas memorias agrias. Dijo Galtieri: “Le pedimos al gobierno y al pueblo inglés la moderación en sus expresiones y la moderación en los hechos. El gobierno argentino y el pueblo argentino en este Cabildo abierto puede enardecerse y presentar a las ofensas, ofensas mayores” A buen entendedor pocas palabras. Los militares que lo juzgaron en la Comisión, todos antiperonistas de la primera hora, además de condenarlo por  la guerra como ya veremos  lo sentenciaron por  la estética de aquellos actos tan desagradables al paladar de oficiales poco afectos al bullicio y la algazara. Demasiado rancios para multitudes voluptuosas. Galtieri provenía de un hogar humilde de Caseros.  Su padre obrero metalúrgico y su madre ama de casa.  En una época de permanentes y constantes golpes de Estado la milicia era una buena opción de ascenso social.

EL INFORME RATTEMBACH

Algunas cosas ya hemos dicho a lo largo del presente trabajo. Luego de la rendición del 14 de junio  la nueva Junta de Comandantes en Jefe creo la Comisión de Análisis y evaluación de las responsabilidades políticas y estratégicas en el conflicto del Atlántico Sur. (CAERCAS) constituida por el Teniente General (R) Benjamín Rattenbach (presidente) y General de División (R) Tomás Armando Sánchez de Bustamante, el Almirante (R) Alberto Pablo Vago y Vicealmirante (R) Jorge Alberto Boffi, el  Brigadier General (R) Carlos Alberto Rey y Brigadier Mayor (R) Francisco Cabrera.  Sus conclusiones, luego de un año de actuación, fueron elevadas  en diciembre de 1983. El pedido formulado a dicha Comisión fue muy claro y está en el título: establecer responsabilidades políticas y estratégicas. No obstante esta determinación de objetivos el informe fue laudatorio del accionar militar en el terreno del combate ingresando en un ámbito, para la cual no fue conformada esta Comisión. ¿Es esta una observación maliciosa? De ninguna manera, correctísima la decisión de enaltecer a los combatientes.

Ahora, separar y aislar la decisión de los jefes del comportamiento en batalla de los subordinados como si fueran dos impulsos diferentes y contrapuestos, estos buenos  y aquellos malos, no corresponde, se corre el riesgo de desacreditar el 2 de abril. Chicos de la guerra por un lado y generales improvisados y cobardes por el otro  no debe explicar la Guerra de Malvinas. Esconde la picardía de la desmalvinización con argumentos “razonables”.  Rattembach fue el encargado de esta tarea.

Escribió el general Balza en Infobae (26/672021) “Impuso (Rattembach) su reconocida capacidad académica, política y profesional, exigió celeridad sin detenerse en aspectos históricos sino exclusivamente en la campaña” ¡Claro al general Rattembach le interesaba condenar a los que se enfrentaron a Inglaterra!  Y esto dicho sin la menor intencionalidad ideológica. En síntesis dejar de lado aspectos históricos cuando lo que debía hacer la Comisión era determinar errores y deducir responsables. Esto es castigar. Muy distinto al informe Franks. Cierto es que ellos ganaron.

Por otro lado algo mucho más grave sobre el cual no tiene ninguna responsabilidad la Comisión (CAERCAS) El Proceso llevó adelante dos guerras, una contra la subversión y  otra la que estamos desarrollando. De manera que amerita la siguiente pregunta. Porque en la Guerra contra la Subversión la Junta firmó un decreto auto amnistiándose y en la de Malvinas una Comisión que analizara la dignidad de la República Argentina y el honor de sus Fuerzas Armadas. La dignidad de la República y el honor de la Fuerzas Armadas en Malvinas estuvieron a salvo desde el primer día. En la lucha contra la subversión es discutible.

COMPONENTES DE LA COMISIÓN

La Junta Militar posterior a la derrota, Cristino Nicolaides, Oscar Franco y Augusto Hughes impulsaron la creación de esta Comisión. El caso del general Nicolaides es vergonzoso, de un analfabetismo proverbial, llegó a decir: “Hay una acción comunista-marxista internacional que desde quinientos años antes de Cristo tiene vigencia en el mundo y que gravita en el mundo”. Este General fue el mayor entusiasta de juzgar a los responsables de la Guerra y el que con más énfasis impulsó a Rattembach ya  que conocía su posición negativa y crítica sobre la guerra. Sus dotes académicas, las de Rattembach, naturalmente,  al decir de Balza, no obraron como catalizador.

Su currículum es francamente antidemocrático. Se  sublevó en setiembre de 1951 contra el  gobierno constitucional del general Perón que  dos meses después, ganaría  las elecciones con el 63% de los votos. Participó del golpe de 1955 siendo que el gobierno   había obtenido  el 64% de los votos para vice, diputados y senadores nacionales en 1954.   Se opuso a la entrega del poder a Frondizzi, aunque años después cambio de camiseta y participó en chirinadas en el bando azul. Como Secretario de Guerra de José María Guido, escribió:

“Prepararse para resistir el impacto psicológico que representará la presencia de una cantidad importante de legisladores justicialistas, no sólo en el Congreso Nacional y en las legislaturas provinciales. Esto es una realidad para nosotros que tenemos que aceptar y sobre todo respetar si estamos decididos a preservar la existencia de un país organizado”.

En nuevo giro llamaba a aceptar una realidad dolorosa. Sin embargo  mientras ocupaba ese cargo rubricó una disposición que marcó otro mojón en su carrera. En 1963 firmó el decreto 2712 referente  a «la presencia y actividades de las fuerzas antidemocráticas peronistas en la vida institucional del país» determinando responsabilidades penales para: Los que hicieren de palabra o por escrito la apología del tirano prófugo o del régimen peronista o del partido disuelto por decreto-ley. La difusión, por cualquier medio o forma en que se efectuase, de directivas, declaraciones, entrevistas o actividades del tirano prófugo. El contacto por cualquier medio con el tirano prófugo vinculadas a la actividad política o gremial y la actuación de quienes sirviesen de nexo a aquellas para tales fines y para los previstos en el inciso anterior. Por presión de Onganía dejó la Secretaría de Guerra. Había dejado de ser azul.  Sin participar en el gobierno pues estaba en retiro en 1975 llamó al golpe de Estado contra Isabel, en primer orden por su condición de mujer e inmediatamente por su estado mental. Razón por la cual no se entienden las palabras de Cristina Kirchner, cuando siendo Presidente aprobó la publicación del Informe alabando la personalidad de Rattembach: “El orgullo que tenemos los argentinos de haber tenido Generales como el general Rattembach un verdadero hijo del Ejército Sanmartiniano” Lamentable, la ex Presidente,  de San Martín, que se negó a juzgar a Belgrano, conocía poco  y de Rattembach menos. O lo que es peor, ponderar como sanmartiniana la condena a  Generales de Malvinas, realizadas por generales golpistas, que derrocaron gobiernos democráticos de su identidad política es un disparate colosal que revela su acotado nivel de conocimiento político e histórico. Cristina de historia conocía poco o nada.

Rattembach al iniciar las reuniones en la Comisión exigió realizar un trabajo corto, puntual sobre la decisión de la guerra, en síntesis, porque ya lo hemos dicho, Rattembach buscaba culpables, el resto de los componentes se negaron a semejante desatino y el Informe resultó finalmente algo mucho más amplio y explicativo. Que servirá a futuros investigadores sobre las causas mediatas e inmediatas de la guerra. Por supuesto no escatimó acusaciones a la Junta.

Otro de los componentes fue el General de División Tomás Sánchez de Bustamante. Participó del golpe de 1951  y fue encarcelado junto a Lanusse y otros oficiales como por ejemplo Gustavo Martínez Zuviría (h) hijo de Hugo Wast. Años después se reincorporó al Ejército en 1955 identificándose con el tiempo con los azules. Formó parte de la Comisión Política que creo Mor Roig para la salida electoral proscriptiva que ideó Lanusse.

El almirante Alberto Vago. Se sublevó  en setiembre de  1955, antes, en junio como Jefe de Arsenales debía custodiar el Ministerio de Marina de posibles ataques del gobierno de Perón cuando cayeran las bombas en la Casa Rosada. Vago desde  tierra participó  de los bombardeos. [6] El vicealmirante Boffi no presenta en su currículum participación destacada en golpes palaciegos. Fue un estudioso de la soberanía argentina en el Atlántico Sur. El Brigadier Rey formó parte del gobierno militar de 1966 y el brigadier mayor Cabrera en lo personal no se destacó por su participación política. En síntesis tenemos cuatro oficiales de clara orientación política y dos profesionalistas.

[1] Gonzales Crespo, Jorge: Memorias del Almirante Isaac F. Rojas. Ed. Planeta. B. As. 1993. P. 229

[2] Anaya, Jorge, I.: La multipartidaria se creó a instancias de la Junta, para estudiar el estatuto de los partidos políticos. Pensábamos que el 24 de marzo del 84 había que entregar el poder sí o sí. Entrevista realizada por Abel Escudero Zadrayec. La Nueva Provincia. Bahía Blanca. 2001.

[3] Camilión, Oscar: Ob. Cit. P. 263

[4] Thatcher, Margaret: Ob. Cit. P. 186

[5] Cardoso, Kirschbaum, Van der Kooy: Malvinas. La Trama Secreta. Ed. Sudamericana. Planeta. Bs. As. 1983.P. 68

[6] Ruiz Moreno, Isidoro: La Revolución del 55. Ed. Emecé. Bs. As. 1994. P. 174.