Por Claudio Chaves | 24/05/2026
LA ONU. LA DESCOLONIZACIÓN Y EL CLIMA MUNDIAL EN LA DECADA DE 1960
En esta década se vivió el apogeo de las ideas de izquierda y de aquellas, que sin ser ortodoxamente marxistas, abrazaban concepciones ideológicas profundamente antiimperialistas, enfrentadas por lo tanto a los países colonialistas europeos. Estados Unidos que jamás había tenido colonias, ellos mismos habían sido una, no padecía aun el embate anticolonial. Encabezaba la lucha contra el comunismo pero no era un país colonialista. De hecho observó con desagrado como al finalizar la segunda guerra mundial Francia volvía sobre Vietnam, negándole el apoyo aéreo que había solicitado, razón por las cual fueron derrotados en 1954. Actitud parecida adoptó cuando Inglaterra y Francia emplazaron al Presidente Nasser de Egipto por la nacionalización del canal de Suez. EE.UU. intimó a estas naciones imperialistas a desistir de su acción.
Solo cuando las guerras de liberación nacional fueron apoyadas por la URSS o líderes anticolonialistas buscaron amparo en el mundo comunista, los EE UU se metieron de lleno en el conflicto. Aun así, los líderes argelinos, que expulsaron a Francia de su territorio, contaban con la simpatía de los EE.UU como por ejemplo Ben Bella.
Lo cierto fue que una ola de antiimperialismo se extendió en el mundo colonizado o dependiente. Sobre el final de 1950 las guerras de liberación habían convencido a las potencias imperialistas que su tiempo había terminado. Margaret Thatcher aprecia el asunto de la siguiente manera. “A partir de 1956, año del fiasco de Suez, la política exterior británica no había sido sino una larga retirada. El gobierno británico al igual que los gobiernos extranjeros habían asumido tácitamente que nuestro papel internacional estaba condenado a disminuir poco a poco. La victoria de las Malvinas cambió todo aquello.” [1] A consecuencia de este clima mundial la ONU sancionó la resolución 1514, de diciembre de 1960, que aconsejaba poner fin al colonialismo en todas sus formas. Las guerras de liberación de Asia y África habían puesto en alerta a Occidente sobre los peligros de no dar una respuesta a estos problemas. Urgía hacerlo tal como en otro orden de cosas fue la creación el Estado de Bienestar con la intencionalidad al generar leyes sociales que evitaran el triunfo del comunismo. Tan cierto fue este temor, que en las décadas del 60 y el 70, en Occidente se consideraba que el comunismo finalmente se impondría.
La Conferencia de Bandung de 1955 reunió a antiguas colonias liberadas que al poco andar se denominaron No Alineados o del Tercer Mundo con un subido tono antiimperialista. En paralelo la Revolución Cubana se asociaba a la URSS en las barbas de los EE.UU. Una novedosa figura ideológica se conformó entre los movimientos de liberación y el marxismo de modo tal que cualquier guerra de liberación aparecía como un tobogán hacia el mundo comunista. Prevalecía por aquellos años la idea de Lenín acerca de que el imperialismo era la etapa más alta del capitalismo y que la lucha contra el imperialismo desembocaría inevitablemente en el triunfo final del socialismo. O en otras palabras el camino al socialismo comenzaba en las guerras de liberación. De hecho a partir de 1961 al ingresar Cuba a los no alineados en Belgrado, tuvimos en Hispanoamérica y en la Argentina los coletazos de la Guerra Fría o mejor dicho las consecuencias.
La década del 60 en la argentina vio crecer de manera exponencial el pensamiento sesgado a la izquierda en infinidad de variables. Para ser justo la década del 60 fue el punto más alto que alcanzó la izquierda en el mundo. El avance de estas ideas se apoyaba en el crecimiento exponencial de la industria bélica soviética: “En 1971 la Rusia soviética sobrepasó a EE.UU. en el número de misiles nucleares estratégicos con bases terrestres y disparados desde submarinos” [2] y la carrera espacial parecía ganarla la URSS.
LA DERROTA DE LA IZQUIERDA DURA
La derrota política y militar de la izquierda dura en nuestro país a partir de los años 60 tuvo tres momentos: la ruptura de Perón con Montoneros, aliados de Cuba, en mayo de 1974. La decisión de Isabel Perón de poner en marcha el Operativo Independencia en Tucumán sobre el ERP en 1975. [3] y la acción desplegada por el Proceso Militar a partir de 1976. En la Argentina el comunismo sucumbió con anterioridad a la caída del Muro. Argentina ganó la Guerra Fría antes que los Estados Unidos. Este dato excepcional debe considerarse al momento de estallar la guerra del Atlántico Sur y comprenderla en sus rasgos más profundos. Margaret Thatcher en su biografía cita a su gran amigo Laurens van Der Post, compañero de parrandas del futuro rey Carlos III, viajero, conservacionista, escritor, amante de la buena vida, pero por sobre todo un pederasta y violador, quien le envió una carta a propósito de la guerra: “Si no hacemos frente a la Argentina fascista, los rusos se verán más alentados de lo que ya lo están a ir dando bocados en lo que nos queda de un mundo libre mediante un número creciente de actos de agresión” [4]
Y en este punto se halla la complejidad de Malvinas. Se trata entonces de entender el conflicto en sus justos términos. El Ejército Nacional asume la recuperación de Malvinas y la guerra de liberación que conlleva, en medio del conflicto Este/Oeste. La Argentina había resuelto la guerra fría a favor del capitalismo de manera que esta guerra de liberación no corría peligro de concluir en el socialismo ni en nada parecido. ¿Qué era entonces esta guerra? ¿Una farsa? ¿Una simulación? El hecho desconcertó a todos. Resultaba difícil asimilar una guerra de liberación y soberanía realizada por un gobierno pro occidental y profundamente anticomunista.
Un sector político afín a la izquierda, la centro izquierda, el progresismo light y el democratismo utópico, que más tarde condenó al Proceso y aplaudió el Nunca Más, observó como una picardía, una canallada o una locura la ocupación de las Malvinas. Un lavado de cara frente a la sociedad. Un intento de perpetuarse y dar continuidad al Proceso. En definitiva una trampa cazabobos. Dos autores que historiaron la Dictadura Militar, cuidadosamente editados por Paidos, con lenguaje sofisticado y elegante, afirman que: “En dicha inclinación a dar absoluta prioridad a Malvinas se conjugaron dos talantes muy diferentes pero complementarios, expresados por Anaya y Galtieri; la ambición de realizar un proyecto vital y consideraciones de política doméstica de corto plazo.” [5] El asunto de considerar la guerra como un tema doméstico de corto plazo pone a estos dos autores en el rol de periodistas y no de historiadores del cual presumen. Ignorar que hay fuerzas mudas que se desenvuelven sigilosamente en la cultura de los pueblos es desconocer la esencia inmaterial de la historia. Aunque renglones abajo llegan a reconocer que “sería un error atribuir la ocupación de las islas a causas puramente coyunturales.”[6] ¡Menos mal!
Se nota en estos dos autores falta de información acerca del conflicto a partir de 1965, tanto, como del Informe Franks, o del mismísimo Informe Rattembach, que luego veremos. De todos modos cuando afirman que toda esta movida militar tan solo fue la expresión del nacionalismo territorial de élite [7] expresado por el Canciller Nicanor Costa Méndez, se comprenden ampliamente sus opiniones y la manera de abordar el asunto, tanto como el desconocimiento absoluto de lo que estuvo en juego en Malvinas. Thatcher lo dijo luminosamente: “Nos alegramos de que Gran Bretaña haya recuperado ese espíritu que la alimentó en generaciones pasadas y que hoy comienza a arder tan intensamente como antaño. Gran Bretaña ha vuelto a encontrarse a sí misma en el Atlántico Sur y no retrocederá de su victoria” [8] Para estos intelectuales argentinos escépticos del honor y negados de patriotismo lo que les inquieta de Costa Méndez es de lo que presume Thatcher. Sentimiento que no debe perderse aun en la derrota.
Por otro lado los sectores políticos sesgados a la derecha, centro derecha o el liberalismo pro occidental consideró un disparate enfrentarse a las potencias afines a su ideario. Malvinas no entraba en ningún cajón ideológico. Tanto Álvaro Alsogaray como José Alfredo Martínez de Hoz, por poner dos ejemplos emblemáticos, fueron muy cuidadosos pero críticos. Un liberal que aguantó la parada con dignidad fue el Ministro de Economía Roberto Áleman, que se vio obligado a modificar ciertos tópicos de sus principios, como congelar los bienes británicos en nuestro país en represalia a la misma postura británica con los bienes de privados argentinos en Inglaterra. Tiempo después Aleman manifestó: “Preservamos las reservas monetarias, porque teníamos que calcular que eventualmente se utilizaría para compras bélicas que tenían prioridad. Gastamos algo en compra de aviones, no mucho pero teníamos que reponer los que se caían. Les dimos a la Fuerzas Armadas los fondos necesarios para que pudieran solventar los gastos de la defensa de las islas y su administración, cosa que hicieron. La guerra no costó mucho dinero” [9] Hubo también en aquellos días de la guerra, declaraciones de un joven economista que había sido funcionario del Ministro del Interior de Viola, Domingo Cavallo quien dijo: “los últimos acontecimientos derivados de la recuperación de las Malvinas demuestran la posibilidad de que las Fuerzas Armadas y el Pueblo unidos permitan alcanzar ese objetivo básico, no es una utopía.”[10]
Malvinas fue y es una demanda aséptica de credos ideológicos o políticos. Tantos años de reclamos y tantos gobiernos muy distintos, hacen de Malvinas una causa genuina y profunda. Cada sector político o ideológico puede darle un sesgo más afín a sus valores pero debe tener el cuidado de no desbordar y provocar la disparada de otros sectores que coincidiendo en las Islas profesan un credo diferente. El pueblo argentino no ideologizado vibró en aquellos días. Entender el conflicto con anteojeras ideológicas ocasionó que la desmalvinización fuera un piso común a un amplio espectro político, diverso y contradictorio. Después de la derrota, la desmalvinización formó parte del sentido común, puesto que los generadores de opinión hablaron de este modo: ¡La Guerra fue un disparate hay que olvidarla!
La desmalvinización comenzó ocultando a los veteranos que retornaban de la derrota, continuó, luego, ignorando el informe Frank elaborado por el gobierno de Gran Bretaña y perduró de mil maneras que desarrollaremos en el presente artículo. Pero la capa impenetrable de cemento que sepultó el espíritu malvinero fue a no dudarlo el Informe Rattembach planteado por la Junta Militar que sucedió a Galtieri. A mi entender un error pues aún está pendiente la recuperación de las Islas. Habría que haberlo dejado para después y si el tiempo se prolongaba dejarlo pasar. Ya lo había señalado San Martín respecto de Belgrano.
Y en este punto surgen divergencias aun entre los simpatizantes y defensores de la gesta, como el general Balza, combatiente de artillería en aquellas jornadas. En distintos artículos hace una encendida defensa del Informe. Asegura en Infobae: “Esta comisión ha colaborado para que la verdad no sea la primera víctima de la guerra. ¿Será una constante en nuestro país la ausencia de la autocrítica ante la incompetencia o peor aún del delito?”
Nadie puede reprochar a Balza su conducta en la guerra, ¿o sí? Hay voces que afirman que no fue muy honrosa, será ésta la razón por la que habla de delito. Suenan muy confusas sus palabras y peligrosas. ¿ A que se refiere con delito, acaso a la guerra en sí misma? No queda claro. Posiblemente, Balza abrumado por los errores estratégicos de la Junta le atribuya a estas conductas un costado delictual. No lo sabemos. Pero estas declaraciones contribuyen quizás, de puro atropellado no más, a la desmalvinización.
Si la Junta Militar y los oficiales que participaron en la Comisión de Análisis y Evaluación de las responsabilidades políticas y estratégicas en el conflicto del Atlántico Sur que elaboraron el Informe Rattembach supieran de historia Argentina debieran conocer que San Martín se negó a enjuiciar a Belgrano por sus derrotas y que el general Bartolomé Mitre luego de su desastrosa batalla de Cepeda donde perdió dos mil hombres, todo el parque de artillería y huyó con lo que le quedaba de sus fuerzas, al llegar a Buenos Aires fue premiado con la Gobernación de la Provincia, derrotada por su impericia evidente. El caso de Facundo Quiroga también debió ser estudiado por la Comisión. Luego de ser vencido en dos oportunidades por el general Paz, en la Tablada y Oncativo, fue recibido con honores y una fiesta popular con multitudes en las calles, vítores y estruendos de cohetería. Por pésimas gestiones diplomáticas y graves conflictos internos perdimos la Banda Oriental en la guerra contra el Brasil. En ninguno de estos casos hubo una Comisión, lo que hubo fue lo que siempre correspondió en estas circunstancias el castigo político y por supuesto el de la historia.
¿Pensó el Ejército de Bignone y Nicolaides que por ser una dictadura había que lavar el alma con una Comisión investigadora y condenatoria de la “aventura militar”?
Para terminar ¿Que ha sido más grave, una batalla perdida o la depresión de la estima nacional por el síndrome Malvinas?
Las derrotas no se enjuiciaban en otros tiempos. Y que no se diga que en guerras civiles la cuestión debe ser evaluada de manera distinta que con un enemigo extranjero. Mitre en la Guerra de la Triple Alianza cometió errores estratégico y tácticos. Enunció: “En 24 horas al cuartel, en quince días en Corrientes, en tres meses en Asunción” pensando que no habría resistencia del pueblo paraguayo. Duró cinco años la guerra y tuvimos miles de muertos. Fue la política y luego la historia la que dio su veredicto sobre Mitre y la Guerra, y no una Comisión. La Vuelta de Obligado fue una derrota sin embargo se conmemora como una patriada. El general Mansilla no fue enjuiciado no obstante los más de doscientos argentinos que perdieron sus vidas en la playa de Obligado.
En síntesis y para concluir con esta introducción que se ha hecho demasiado extensa; en las islas combatimos a los que ganaron la Guerra Fría, que siempre fueron nuestros aliados. Guerra que nos encontró a su lado desde el inicio de nuestra historia colonial o independiente. Si bien fueron expulsados del Río de la Plata en 1806 y 1807, pasados algunos años fueron nuestros aliados en la lucha por la Independencia de España. Lo que no ha desaparecido es la justica de la demanda sobre las Islas, pero sin cliché. O como escribió el Contra Almirante Carlos Busser: “En 1982 no hicimos nada original, sino que ejecutamos lo que la geografía y la historia nos están convocando a ejecutar cada vez que sea posible” [11]
Se trata entonces de historia, esto es recuperar el ambiente y los valores de época, aislándolo del clima mundial que se vive hoy, cuarenta y cuatro años después, sin la menor intención de proyección o recurrencia. Y en éste punto, la interpretación de lo que pasó y porqué, abren discordancias que no cierran aun. Si bien el tema de Malvinas une a los argentinos, según afirman muchos autores, la Guerra y sus consecuencias por el contrario nos separa. Para evitarlo reflexionaremos una vez más sobre ella.
LA DECADA DEL 80 Y LA OCUPACION DE MALVINAS
Esta década encontró al mundo en un punto álgido de la Guerra Fría. Brevemente diremos que en América Hispana había amigos del capitalismo por lo tanto aliados de los EE. UU., amigos del comunismo, por tanto socios de la Unión Soviética y Cuba, y simpatizantes de un Tercer Mundo o No Alineados que buscaban una fórmula independiente entre ambos imperios pero que en los 80, veinticinco años después de su creación, se inclinaban por un nacionalismo de izquierda o abiertamente de izquierda, pues ese Tercer Mundo había caído bajo la influencia de Cuba y China.
La Dictadura Militar que tomó el poder en 1976 se inclinó abiertamente del lado de Norteamérica haciendo suyos los valores de Occidente. “En 1976 estábamos en plena Guerra Fría, y no en cualquier etapa de la misma, sino en una etapa de expansión agresiva del comunismo internacional sobre la base de la conquista de situaciones de poder en diversas áreas del mundo.” [12] . Si bien la afirmación de Camilion es evidente, la Dictadura se quedó a mitad de camino, jamás dio el paso para romper y apartarse de los países no alineados. Ese gobierno era una Torre de Babel.
Hubo razones puramente locales que empujaron a la FF.AA. a la toma del poder que no desarrollaremos pues no forman parte del presente trabajo. La Guerra Fría fue el telón de fondo de ese gobierno de modo que se sumó a la lucha contra el comunismo en América Central, adiestrando en Honduras a las fuerzas contrainsurgentes que peleaban en Nicaragua y El Salvador contra las fuerzas marxistas -pro cubanas- del sandinismo y del Frente Farabundo Martí.
Al entrometerse en la vida política de otros países y sumarse a la lucha mundial contra el comunismo, la Dictadura Militar fue objetada no solo por derrocar al gobierno peronista sino por su internacionalismo de derecha antisubversivo. Un sector voluminoso de la sociedad política argentina juzgó desfavorable esta inclinación. Sin comprender, producto de una ingenuidad pavorosa, “que Castro estaba totalmente convencido desde 1979, de que se había reabierto una posibilidad revolucionaria en América Latina. Y la Unión Soviética en ese momento respaldaba la acción cubana, sobre todo a partir del éxito aparente de la revolución sandinista”[13]
Los partidos políticos argentinos opositores a la dictadura -aunque hubo radicales y peronistas que participaron en ese gobierno- [14] no comulgaban con la política exterior de la Dictadura, observaban con mejores ojos una política exterior alejada de los conflictos mundiales, identificándose preferentemente con el Tercer Mundo al cual habíamos ingresado en 1973 con el gobierno del doctor Cámpora y el gobierno militar continuaba manteniendo inexplicablemente.
Hay que considerar también que a lo largo del siglo XX el país se había declarado neutral frente a las dos grandes conflagraciones mundiales. Adherir al Tercer Mundo, sin embargo, no significaba continuar esa tradición, como muchos pensaban. No era lo mismo. El Tercer Mundo era sumarse como ya hemos dicho a un nacionalismo beligerante antinorteamericano o a una izquierda no soviética. Peronistas, radicales, progresistas y la izquierda toda, coincidían en este punto: adherir al Tercer Mundo. Al respecto el cientista de izquierda, Altamirano, escribió: “El anti imperialismo no era un dato novedoso ni insospechado de la cultura política argentina, aunque el Proceso de Reorganización Nacional había trabajado implacablemente para desterrarlo” [15] Y esto descolocó a todos los intelectuales del infinito arco ideológico.
Los Ejércitos hispanoamericanos sobre finales de los setenta y comienzos de los ochenta no opinaban de la misma forma y menos la FF.AA. argentinas. Sometidas al ataque de las guerrillas asumieron el conflicto derrotando a la subversión. En nuestro caso las organizaciones guerrilleras fueron la cara comunista de la Guerra Fría.
En otros países fueron gobiernos democráticos los que asumieron la representatividad o cierta cercanía con la izquierda como Joao Goulart en Brasil o Salvador Allende en Chile. En Bolivia y en Perú fueron la FF. AA. las que buscaron cercanía con la Unión Soviética o Cuba, y el mismo Ejército al poco andar los desplazó.
De modo que ese era el clima de América a los inicios de los años 80. La Guerra de Malvinas por lo tanto sucede en este contexto. ¡Nos peleamos con nuestros aliados externos! ¡Con nuestros amigos! Con los adalides del capitalismo. ¡Un gran lío!
Al asumir la Junta en 1976, como ya hemos visto, se metió de lleno en la Guerra Fria con el aval estadounidense. Sin embargo un año después la política exterior norteamericana de guerra sin cuartel a la subversión giraba ciento ochenta grados. El belicismo quedaba de lado y aparecían las palabras “finas y elegantes” de los Derechos Humanos. De ahora en más a la subversión comunista se la vencería con las palabras, con el diccionario o con los códigos penales.
Al asumir Jimmy Carter la presidencia, EE.UU. era un país derrotado. Vietnam fue una catástrofe para ellos. El demócrata trocó las balas por los Derechos Humanos. Aparece lo que se denominó el síndrome Carter. La vergüenza y el deshonor. Ahora el combate contra el comunismo se daría en términos ideológicos: el resguardo de los derechos humanos y la defensa irrestricta de los sistemas democráticos. La presión norteamericana se hizo sentir en la Junta de Gobierno argentina. De modo que el sucesor de Videla, a partir de 1981, el general Viola, se dispuso acompañar el clima mundial dando los primeros pasos visibles para una eventual salida electoral, aún sin fechas. Sin embargo algo pasó. El gobierno norteamericano volvió a manos republicanas en 1981 asumiendo la Presidencia Donald Reagan, un conservador más afín a la orientación de la tradicional Dictadura Militar argentina. Todo parecía retornar a su cauce original, sin embargo no fue así, Reagan no abandonó la idea de la democracia como alternativa al comunismo. Por el contrario profundizó los principios, consideraba fundamental “Fortalecer la infraestructura de la democracia, el sistema de una prensa libre, sindicatos, partidos políticos y universidades, que permita a un pueblo elegir su propio camino, desarrollar su propia cultura, arreglar sus propias diferencias por medios pacíficos.” [16]
Esa rareza de un conservador democrático debió haber llevado a Galtieri a entusiasmarse con ser él el hombre señalado para la salida institucional. Por eso son erróneas las ideas formuladas alrededor de los objetivos políticos en esta guerra, por ejemplo: “El operativo no se puso en marcha para iniciar la liquidación del proceso sino para sacarlo del atolladero y conducirlo al cumplimiento de sus metas.” [17] O las declaraciones del general Balza a Infobae 13/10/2022 donde afirma “que Malvinas era profundizar la dictadura cívico-militar” Estos son errores maliciosos. No había marco internacional para continuar. Y a esto debemos adicionar las declaraciones que años más tarde formuló el general Galtieri respecto de que si las cosas “salían bien, convocaba a elecciones, se presentaba y ganaba.” Si se quiere, su éxito significaba el cierre del golpe de 1976 con un Galtieri victorioso, como fue el caso de Perón, victorioso en 1946 convalidando el golpe de 1943.
Reagan por su parte en sus memorias afirma que Galtieri estaba convencido “que nos alinearíamos con Argentina porque éramos vecinos en América y porque habíamos solicitado ayuda a la Junta para combatir el comunismo en el hemisferio. Era cierto que había priorizado la mejora de nuestras relaciones con nuestros vecinos latinoamericanos, y Argentina era uno de los países donde habíamos sido más firmes en cuanto a las reformas democráticas.”[18]
Esto significa que ganando la guerra o perdiéndola como ocurrió, el Proceso terminaba. La presión norteamericana se hacía sentir en toda América. En la Argentina era con Viola o con Galtieri, y el asunto no era lo mismo. Con el primero volvían los viejos partidos, con el segundo se abría algo nuevo, ciertamente una aventura, respaldada en una demanda genuina, con actores alejados de los partidos tradicionales. En febrero de 1982 Galtierti organizó un gran asado en la localidad de Victorica, La Pampa, con políticos conservadores, con desconocidos y con asociaciones empresarias del campo, la industria y el comercio. La personalidad de Galtieri era imponente. Parecía más de lo que rendía. Proveniente de una familia humilde de inmigrantes italianos, nació en el barrio de Caseros. Su padre obrero metalúrgico y su madre ama de casa vivió la época dorada de la sustitución de importaciones.
El entusiasmo de Galtieri por haber vencido en el país a los representantes del bando comunista antes que Estados Unidos lo llevó en 1982 a creer un imposible, el apoyo norteamericano frente a la toma de las Malvinas, sin comprender que EE.UU. aún no había triunfado en la suya, de modo que la OTAN era central para sus objetivos estratégicos.
El cálculo geopolítico de la Junta fue desastroso. Como el del Canciller Costa Méndez. Con el agravante que Alexander Haig, Secretario de Estado del gobierno de Reagan durante la guerra, intermediario entre Inglaterra, EEUU y Argentina había sido con anterioridad comandante de la OTAN en Europa. ¡Peor no podía ser! De todos modos en un carril diferente pero central, como ya veremos, las negociaciones por las Islas se complicaban cada vez más. Inglaterra nos hacía creer que negociaba pero en realidad nada pasaba.
[1] Thatcher, Margaret: Los años de Downing Street. Bs. As. 1994. Ed. Sudamericana. P. 172
[2] Johnson, Paul: Tiempos Modernos. Bs. As. 2000. Ed. Javier Vergara. P. 826.
[3] Hay que considerar que en estos años 1974/75 el clima mundial auguraba el triunfo del comunismo al perder los EE UU la guerra en Vietnam sin embargo aquí en la Argentina a la izquierda le fue muy mal.
[4] Thatcher, Margaret: Ob. Cit. P. 184
[5] Marcos Novaro y Vicente Palermo: La Dictadura Militar 1976/1983. Ed. Paidos. Bs. As. 2003. P. 412
[6] Novaro, M. y Palermo, V.: Ob. Cit. P.412
[7] Novaro, M y Palermo V. : Ob. Cit. P. 413
[8] Thatcher, Margaret: Los años de Downing Street. Bs. As. 1994. Ed. Sudamericana. P. 235. Discurso del 3 de julio de 1982.
[9] Aleman, Roberto: Todo es Historia. Nº 290. Agosto de 1991
[10] N’haux, Enrique: Manem. Cavallo. El poder mediterráneo. Ed. Corregidor. Bs. As. 1993. P. 203
[11] Carlos Busser: Malvinas la guerra inconclusa. Bs. As. 1987. Ed. Fernández Reguera. P. 9
[12] Camilión, Oscar: Memorias políticas. Ed. Planeta. Bs As 1999. P.190
[13] Camilión, Oscar: Ob. Cit. P. 234.
[14] La Nación 25/3/1980: De 1696 municipios existentes, 301 estaban en manos de los radicales, 169 del peronismo, 109 al Partido Demócrata Progresista, 94 al MID, 78 a las Fuerzas Federalistas, 16 a los Demócratas Cristianos y 4 a los Intransigentes.
[15] Altamirano, Carlos: Lecciones de una Guerra. En Punto de Vista. Año V. Nº 15. Agosto 1982
[16] Kissinger, Henry: La Diplomacia. Fondo de Culturas Económica. Mexico. 1994. Discurso de Reagan en 1982. P. 768
[17] Altamirano, Carlos: Punto de Vista. Año 5 Nº 15. 1982
[18] Reagan, Donald: Una vida americana. Ed. Cambio 16. Barcelona. 1991
