Decadencia del peronismo como sujeto político

Por Miguel Ángel Iribarne | 02/11/2025

En más de una oportunidad hemos planteado la opinión de que el Peronismo había muerto, junto con su líder, el 1 de julio de 1974. Entendámonos:  el Peronismo en cuanto concepción estratégica y liderazgo incuestionable que permeaba a un vastísimo segmento de la población argentina. Lo que vino después fueron intentos sucesivos de cooptación, unos más exitosos que otros. La estructura, sin embargo, sobrevivió a su significado y el Movimiento, mal que mal, conservó su apariencia de sujeto político a pesar del hecho de que estaba siendo progresivamente convertido en objeto.

Un registro cuantitativo de este largo proceso se da en el serrucho descendente de las marcas electorales obtenidas en los comicios presidenciales desde los ’80 hasta la actualidad. Recordemos que históricamente, el “Peronismo de Perón” había oscilado entre el 55 y el 62 % del sufragio total. Menem obtiene el 49 % en 1989 y algo más del 50 % en su reelección; Duhalde el 39 % en 1999; en el 2003 el 61 % se fragmenta en tres candidatos justicialistas (el más votado Menem con el 25 %); bajo el control kirchnerista la etiqueta repunta hasta el 54 % de 2011, pero pierde la vanguardia en 2015 frente a Mauricio Macri. Renacido con la elección de Alberto Fernández en el 2019, vuelve a caer en 2023 con el 37 % de Massa en la primera vuelta. Y ahora, las mid-term lo sitúan a nivel nacional en el 32 %.

A estas observaciones generales deben añadirse otras de índole estructural y geográfico. En esta ocasión, por primera vez en su historia, el PJ no ha podido sostener su sello en los veinticuatro distritos del país. En siete de ellos el Peronismo se ha dividido perjudicialmente para los candidatos “oficiales” o  ha optado por otros rótulos que preanuncian incipientemente un eventual aflojamiento de los lazos parlamentarios. Y en el orden territorial, nunca la representación legitimada  del Movimiento estuvo tan desequilibrada: 41 % en el ámbito bonaerense contra el 12 % en Salta y el  5 % en Córdoba.  Si excluimos el 54 % de la 3ra. Sección del Conurbano la media del país no supera el 27 %. El caso de Salta es aleccionador porque allí la autoridad nacional del PJ había intervenido la estructura local, pero su candidato Juan Manuel Urtubey entró tercero.

Caída, pues, del caudal de sufragios, sumada al fortalecimiento de pulsiones centrífugas en diversos distritos y una marcada incapacidad para trascender la imagen de “partido del Conurbano Sur” que la cooptación kirchnerista ha venido imprimiendo gradualmente al Peronismo en las últimas dos décadas. Esta podría ser la cifra de su proceso de declive como sujeto político.

Lo condena ello a una nueva derrota en 2027 ¿   No lo creemos necesariamente así. Entendemos que, si bien las posibilidades de la economía argentina en el largo plazo son por demás alentadoras, en el  corto y, eventualmente en el mediano, continuarán las apreturas para la clase media baja y el aumento del desempleo.  Estas circunstancias amenazan crear condiciones propicias para una reacción social que busque expresarse electoralmente en un amplio frente populista de izquierda. La novedad eventual consistiría en que el Peronismo estaría más cerca de diluirse en él que de conducirlo estratégicamente.-